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Decálogo.


DECÁLOGO DE DESEOS SOBRE EL FUTURO DE LA VIVIENDA.

1_ COTIDIANO
La casa contemporánea precisa una mirada positiva hacia lo cotidiano. Nada de lo que pase en el ámbito doméstico es ya banal, mejor dicho, cada instante doméstico debe poder transformarse en una experiencia estética. A veces la casa se parecerá a un museo, un fondo neutro donde los recuerdos y algunos muebles puedan ser “expuestos” por sus habitantes tras una minuciosa selección. Poco pero intenso, podría ser el lema.

2_ PATIO
La casa de mis abuelos tenía un bello patio con una higuera que daba sombra y un estanque con el que nos refrescábamos. Toda casa debería recuperar de la tradición este espacio que permite la vivencia exterior, bien sea a modo de patio, jardín, terraza o pequeño balcón, pero su búsqueda bien merece la pena. Integrar el espacio exterior como una estancia más. Difuminar límites dentro–fuera.

3_ ILUMINACIÓN
Recuperar el placer de sombras y contraluces. El fuerte y aplastante sol mediterráneo domesticado mediante celosías, parasoles y velos. Dentro o fuera no será nunca más un concepto definido por una pared, ni tan siquiera por un vidrio, sino más bien por una línea intensa marcada por la luz en el suelo. A veces, esta transición se difuminará con toldos, emparrados y ramas en movimiento…

4_ NATURALEZA
Ya hemos tomado conciencia de la calidad que aporta el convivir en armonía con la naturaleza. Plantas y árboles nos enseñan otro ritmo de vida, más lento, más contemplativo. La vegetación es, por estar viva y aparentemente frágil, lo contrario a la arquitectura y, por tanto, su complemento necesario. En este sentido, incluso los edificios incorporarán retales de esa naturaleza artificial en su programa y en su fachada.

5_ BRISA
Preferimos sentir el movimiento suave de la brisa frente a cualquier clima generado artificialmente. Esa ventilación cruzada que plasma la sabiduría popular en una arquitectura moderna pragmática, sin dogmas, en continuidad. “Construir con aire” como diría Alejandro de la Sota: “la arquitectura es el aire que respiramos, pero un aire cargado de olores, de sabiduría, un aire transformado por la Arquitectura”.

6_ CUBIERTA
Qué bonita experiencia poder contemplar un atardecer desde una plataforma elevada. La enseñanza de La Unité de Marsella sigue válida sesenta años después. La cubierta es la oportunidad de recuperar el terreno que se ocupa, de devolver a la tierra lo que es de ella, de integrar el edificio en su entorno. Nunca más una fachada olvidada, sino un lugar para la relación social y para la contemplación.

7_ MULTIMEDIA
El centro urbano como lugar físico pierde importancia con las nuevas tecnologías. El desplazamiento deja de ser relevante frente a la posibilidad de conexión desde cualquier lugar y en cualquier momento. Los media: internet, teléfono, televisión… forman parte ineludible de nuestra vida moderna. Debe ser fácil la comunicación entre el micro-mundo doméstico y el macro-mundo y sus redes.

8_ TECNICA
Vivimos la tecnificación de la casa. Nuevas redes recorren techos, suelos y paredes, mediante configuraciones extensas y homogéneas que, a modo de tentáculos o nervios, conectan lo doméstico con el mundo. La técnica permitirá proyectar las casas como un espacio libre y abierto apoyado con un equipamiento especializado. Técnica con un doble objetivo: la eliminación del sufrimiento en las tareas domésticas así como en los procesos de construcción.

9_ REFUGIO
A la vez, es indispensable tener la posibilidad del aislamiento, tanto físico como frente al exceso de información. Precisamos confiar en la casa como refugio que nos protege y recarga. Se trata de un espacio diáfano, homogéneo y multicapa; pero donde sigue siendo preciso un último reducto para el descanso nocturno. A modo de división permanente o temporal, de mueble abatible o de mera cortina, pero deseamos disponer de ese rincón para la intimidad.
Diría más, es la única función que precisa de un aislamiento. La cocina se diluyó como un mueble más dentro del multiespacio antes denominado salón; el estudio se convirtió en un portátil en cualquier lugar; la higiene personal se disgregó a modo de spa sacando bañera, ducha y lavabo fuera del recinto cerrado; la cabina del inodoro se redujo hasta parecer un armario; el vestíbulo se descartó por ser innecesario y “tan del siglo XX”; ¿qué nos queda? Dormir.

1O_ CIUDAD
Por último, la ciudad representa el espíritu de nuestra época y su característica principal es la pérdida de los límites. Flujos que atraviesan la ciudad, la conectan y la diluyen, transformando la ciudad en un híbrido entre lo rural y lo urbano. Amplias zonas verdes deben penetrar en la ciudad contemporánea. Una nueva conciencia ciudadana aspira a la sostenibilidad a través de la creación de paisajes artificiales que emulan a aquellos naturales.

…deseos que procuran convertirse en realidad con cada nuevo proyecto que llega.

Desembarcar en La Unité

Al desembarcar en la terminal de cruceros de Marsella no tenía la intención de visitar La Unité. Viajaba con mi familia y unos amigos y la escala era sólo de unas pocas horas, por lo que no era cuestión de ponerse pesado. Hay que decir que, en la escuela de arquitectura, los de mi generación nos habíamos dejado seducir mucho más por la serena elegancia de Mies que por la agitada efervescencia de Le Corbu, con lo que no sentía una especial necesidad de visitar el edificio.

Sin embargo un inesperado desasosiego se fue apoderando de mi voluntad, y no había transcurrido ni una hora cuando ya estaba buscando en el mapa la mejor ruta para llegar al 280 del boulevard Michelet. No me costó demasiado convencer a mis acompañantes pues se trataba -les dije con impostada autoridad-, de visitar uno de los iconos del movimiento moderno, así que una vez en marcha, la ansiedad empezó a invadirme a medida que el bus de la línea 22 de la RTM se acercaba a la parada “Le Corbusier”.

Allí estaba…, “La Cité Radieuse” se alzaba retranqueada de la alineación urbana, rodeada de un vasto jardín desde el que, por encima del verde oleaje de las copas de los árboles, emergía el hormigón de las chimeneas de cubierta. El edificio se mostraba, pese a las huellas del paso de los años -o quizás gracias a ellas-, rabiosamente moderno, y al igual que me pasó al visitar la Ville Savoie veinte años atrás, sentí un vértigo al situar esta arquitectura en el año de su inauguración, 1952. Hemos vistos cientos de fotografías, leido multitud de publicaciones, hemos llegado incluso a dibujar las obras de los maestros, pero uno no llega a comprender realmente la convulsión que se produjo en el primer tercio del s. XX,  hasta que no se envuelve en la intensa emoción de la experiencia espacial.

Ante la mirada de incredulidad de mis acompañantes, que obviamente se esperaban otra cosa, me sentí obligado a dar unas vagas explicaciones sobre la investigación que a lo largo de su vida desarrolló Le Corbusier en el tema de la vivienda mínima, sus teorías sobre la socialización y la ciudad, sobre la máquina de habitar y el modulor, y por la obsesión con los paquebotes cuyo ejemplo más claro podían ver en este momento.

Entramos al vestíbulo y comprobé como el brutalismo de los 50, expresado en la sincera crudeza del hormigón visto, rivalizaba sin complejos con el actual y amanerado minimalismo de los lujosos hoteles y restaurantes de nuestras ciudades. En la visita a la cubierta,  me reconforté al ver como los niños seguían bañándose en la vieja piscina mientras que sus padres tomaban el sol. Paseamos por la calle de la planta 3, donde muchas de las tiendas estaban cerradas, lo que no impedía percibr lo acertado de la decisión tomada. Reconciliado con el maestro me senté en un banco para poder abstraerme y disfrutar por unos momentos, y al ver a mis hijos jugar y corretear libremente por la planta comprendí como su genialidad se había anticipado más de 50 años al modelo residencial tan demandado hoy en día: edifcación abierta rodeada de zonas verdes, áreas lúdicas para la comunidad, piscina, gimnasio, juegos para niños, organización de la vivienda bajo premisas de máxima funcionalidad; La Unité ya tenía en 1952 todo ésto y mucho más (tiendas, cimeclub, guardería, pista de atletismo…).

Al salir del edificio uno de mis amigos me interpeló: “Oye, pues tenías razón, este edificio es como el barco en el que hemos llegado…”, a lo que no tuve más remedio que responder: “No, que va, es mucho mejor.”?

 

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Despuntes_

En el trabajo del arquitecto influyen multitud de pequeñas cuestiones que quedan al margen de la obra acabada: ideas, pensamientos, lecturas, imágenes..., son como los despuntes en el trabajo del ferralla, al final se apartan para armar la gavia.