Magister dixit …

“La arquitectura puede entenderse como un intento de la razón por superar los límites inmediatos y opresivos impuestos por la naturaleza. Hoy en día el proceso racional ha excedido el límite del necesario principio de respeto a la naturaleza, y como consecuencia vivimos un periodo de desconfianza respecto a la razón en general, y a la arquitectónica en particular, con modelos de trabajo y edificios que buscan diluirse y fundirse con lo natural, denotando una posición ‘acomplejada’ que duda de que la arquitectura pueda ofrecer opciones positivas, capaces de dar más y de generar una relación recíproca con lo natural. Así ocurre, independientemente de su capacidad expresiva, con las arquitecturas que se conforman sólo como reflejo inmediato de los procesos geométricos minerales, o con los blobs, curvilíneos y retorcidos hasta el infinito como si fueran de arcilla.”


Una buena definición del panorama arquitectónico actual, extraída de la web del arquitecto navarro Francisco Mangado, autor del Pabellón de España en la EXPO 2008 (Premio de Arquitectura Española 2009).

El contenedor de la máquina.

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“El milagro de nuestro tiempo, querido amigo, son para mí las máquinas y los edificios construidos para ellas, llamadas factory. Un ejemplo usual puede tener hasta ocho y nueve pisos de alto, y tiene además hasta cuarenta ventanas a lo largo y al menos cuatro de profundidad. Las columnas son de metal y las vigas que se apoyan sobre éstas también. Un gran número de estos contenedores se encuentra también en puntos muy elevados que dominan los alrededores, a ésto se le suma un bosque de chimeneas aún más altas. Producen un maravilloso efecto desde lejos, sobre todo de noche, cuando millares de ventanas se iluminan con la luz de gas…”

Cuando Peter Beuth escribía estás palabras a Schinkel en 1823, fruto de la profunda impresión por la nuevas edificaciones industriales surgidas en Inglaterra, el mundo de la arquitectura no era aun consciente de la revolución que se avecinaba de mano de la incipiente era industrial, y que acabaría trastocando los viejos valores estéticos para alumbrar un nuevo modo de ver e interpretar la arquitectura, dando paso a la convulsión que originó el Movimiento Moderno.

Y fué así porque la arquitectura de los espacios industriales se ofrecía a los arquitectos como un emocionante e ingente campo de innovación: el desarrollo de novedosos programas, su inserción y relación con el territorio; las nuevas técnicas, formas y escalas de trabajo; los nuevos materiales y pieles de la edificación, y su relación con la componente estructural; la creación de nuevos elementos simbólicos…

Fábrica Fagus

Fábrica Fagus. (Walter Gropius, 1911)

Y por ello durante mucho tiempo esa visión de la fábrica fué objeto de culto por parte de ciertas élites intelectuales: ingenieros, arquitectos, críticos, cineastas; que nos dejaron el legado de sus fantásticoas edificios industriales como los de A. Kahn, H. Van de Velde, P. Behrens, W. Gropius, A. Jacobsen, H. Poelzing, B. Taut,… Obras que sirvieron de inspiración a cineastas como Chaplin o Fritz Lang para retratar el espíritu de la revolución de la máquina en sus inolvidables “Tiempos modernos” (1936) o “Metrópolis” (1927).

Pero a partir de la segunda mitad del s.XX y una vez superados los paradigmas de la modernidad que vinieron de mano de la “máquina” (efciencia y funcionalidad), la “factory” fue desterrada paulatinamente de los tableros de los arquitectos quedando relegada a una tipología menor. De esa forma hoy en los cinturones industriales de nuestras ciudades se suceden construcciones en su mayoría anodinas y carentes de expresión, conformando esa ya tradicional y deplorable primera imagen de lo urbano.

Por ello como arquitectos debemos reivindicar el valor intrínseco que para la arquitectura tiene la edificación industrial, ofreciéndose como un privilegiado banco de pruebas donde experimentar con nuevos materiales y sistemas que abran caminos inéditos, superando el actual estancamiento de una arquitectura excesivamente introspectiva y atrapada en una mueca de formalismo forzado como único recurso expresivo, una vez agotadas sus capacidades tecnológicas y posibilidades de evolución.

Recuperemos el edificio industrial,—la fábrica, el almacén, el silo, la chimenea—, para la arquitectura, de forma que los Beuth o los Chaplin de nuestro tiempo puedan volver a estremecerse al divisar a lo lejos el gran contenedor de la máquina.

Bibliografía: Industria y arquitectura moderna en España, 1925-1965, Celestino García Braña.


Decálogo.


DECÁLOGO DE DESEOS SOBRE EL FUTURO DE LA VIVIENDA.

1_ COTIDIANO
La casa contemporánea precisa una mirada positiva hacia lo cotidiano. Nada de lo que pase en el ámbito doméstico es ya banal, mejor dicho, cada instante doméstico debe poder transformarse en una experiencia estética. A veces la casa se parecerá a un museo, un fondo neutro donde los recuerdos y algunos muebles puedan ser “expuestos” por sus habitantes tras una minuciosa selección. Poco pero intenso, podría ser el lema.

2_ PATIO
La casa de mis abuelos tenía un bello patio con una higuera que daba sombra y un estanque con el que nos refrescábamos. Toda casa debería recuperar de la tradición este espacio que permite la vivencia exterior, bien sea a modo de patio, jardín, terraza o pequeño balcón, pero su búsqueda bien merece la pena. Integrar el espacio exterior como una estancia más. Difuminar límites dentro–fuera.

3_ ILUMINACIÓN
Recuperar el placer de sombras y contraluces. El fuerte y aplastante sol mediterráneo domesticado mediante celosías, parasoles y velos. Dentro o fuera no será nunca más un concepto definido por una pared, ni tan siquiera por un vidrio, sino más bien por una línea intensa marcada por la luz en el suelo. A veces, esta transición se difuminará con toldos, emparrados y ramas en movimiento…

4_ NATURALEZA
Ya hemos tomado conciencia de la calidad que aporta el convivir en armonía con la naturaleza. Plantas y árboles nos enseñan otro ritmo de vida, más lento, más contemplativo. La vegetación es, por estar viva y aparentemente frágil, lo contrario a la arquitectura y, por tanto, su complemento necesario. En este sentido, incluso los edificios incorporarán retales de esa naturaleza artificial en su programa y en su fachada.

5_ BRISA
Preferimos sentir el movimiento suave de la brisa frente a cualquier clima generado artificialmente. Esa ventilación cruzada que plasma la sabiduría popular en una arquitectura moderna pragmática, sin dogmas, en continuidad. “Construir con aire” como diría Alejandro de la Sota: “la arquitectura es el aire que respiramos, pero un aire cargado de olores, de sabiduría, un aire transformado por la Arquitectura”.

6_ CUBIERTA
Qué bonita experiencia poder contemplar un atardecer desde una plataforma elevada. La enseñanza de La Unité de Marsella sigue válida sesenta años después. La cubierta es la oportunidad de recuperar el terreno que se ocupa, de devolver a la tierra lo que es de ella, de integrar el edificio en su entorno. Nunca más una fachada olvidada, sino un lugar para la relación social y para la contemplación.

7_ MULTIMEDIA
El centro urbano como lugar físico pierde importancia con las nuevas tecnologías. El desplazamiento deja de ser relevante frente a la posibilidad de conexión desde cualquier lugar y en cualquier momento. Los media: internet, teléfono, televisión… forman parte ineludible de nuestra vida moderna. Debe ser fácil la comunicación entre el micro-mundo doméstico y el macro-mundo y sus redes.

8_ TECNICA
Vivimos la tecnificación de la casa. Nuevas redes recorren techos, suelos y paredes, mediante configuraciones extensas y homogéneas que, a modo de tentáculos o nervios, conectan lo doméstico con el mundo. La técnica permitirá proyectar las casas como un espacio libre y abierto apoyado con un equipamiento especializado. Técnica con un doble objetivo: la eliminación del sufrimiento en las tareas domésticas así como en los procesos de construcción.

9_ REFUGIO
A la vez, es indispensable tener la posibilidad del aislamiento, tanto físico como frente al exceso de información. Precisamos confiar en la casa como refugio que nos protege y recarga. Se trata de un espacio diáfano, homogéneo y multicapa; pero donde sigue siendo preciso un último reducto para el descanso nocturno. A modo de división permanente o temporal, de mueble abatible o de mera cortina, pero deseamos disponer de ese rincón para la intimidad.
Diría más, es la única función que precisa de un aislamiento. La cocina se diluyó como un mueble más dentro del multiespacio antes denominado salón; el estudio se convirtió en un portátil en cualquier lugar; la higiene personal se disgregó a modo de spa sacando bañera, ducha y lavabo fuera del recinto cerrado; la cabina del inodoro se redujo hasta parecer un armario; el vestíbulo se descartó por ser innecesario y “tan del siglo XX”; ¿qué nos queda? Dormir.

1O_ CIUDAD
Por último, la ciudad representa el espíritu de nuestra época y su característica principal es la pérdida de los límites. Flujos que atraviesan la ciudad, la conectan y la diluyen, transformando la ciudad en un híbrido entre lo rural y lo urbano. Amplias zonas verdes deben penetrar en la ciudad contemporánea. Una nueva conciencia ciudadana aspira a la sostenibilidad a través de la creación de paisajes artificiales que emulan a aquellos naturales.

…deseos que procuran convertirse en realidad con cada nuevo proyecto que llega.

La escuela Fuji

Yo no entiendo de cosas complicadas. No soy complejo, no sé de excesos. A veces desearía que la vida fuese más sencilla, pero al menos considero que mi labor como arquitecto está en simplificarla, en reducirla a una esencia que permita el puro disfrute del detalle. Llegar a apreciar algo tan bello como en aquella escena de “El último samurái” donde el rebelde Katsumoto se emociona con la visión de unos almendros en flor…

La escuela infantil Fuji, de los arquitectos Takaharu y Yui Tezuka, ya ha sido publicada en diversos medios. En 2008 leí una entrevista a su director, pero es ahora cuando he podido leer la explicación que dan los propios autores. Como tantas veces, me maravilla esa sensibilidad japonesa que sabe relacionar cada explicación tecnológica con detalles de la vivencia propia y la de sus habitantes.

Se trata de un ejemplo más del grupo que denominé en un artículo anterior como “la casa que mira”, ese tipo de arquitectura sin fachada, sin sobre-presencia, arquitectura discreta que definía como “clara y sencilla, que fomenta el bienestar de sus habitantes mediante una experiencia visual casi sublime…” Aquí la experiencia es “vivir en la cubierta”.

El director de la escuela ya conocía una obra anterior de Tezuka: la casa-tejado, y el encargo no podía ser más claro: querían una casa-tejado para quinientos alumnos. Encontraron que la idea de arquitectura que enseñaba esta casa encajaba perfectamente con su sistema educativo (son seguidores del Método Montessori, que aboga por respetar el ritmo de cada niño, que descubran el mundo por sí mismos, haciendo hincapié en el comportamiento social y la creatividad).

Había que derribar la vieja escuela, quedando un solar complejo, unas edificaciones vecinas que evitar y tres grandes árboles que respetar. La idea surgió un día, mientras volvían de trabajar, en tren, el dibujo a lápiz de un óvalo que integraba esos árboles. Fue una idea simple que, tal cual, se escaneó y generó el proyecto. Como decía Takaharu: “la mano nos puede dar respuestas instantáneas que un ordenador no puede lograr…”

En este edificio no hay rincones ocultos, no hay finales de pasillo, no hay esquinas, todos los espacios están a la vista de todos. Tampoco hay paredes, en su lugar, los arquitectos idearon unas “cajas de madera para marcar cada aula… como un juego de construcción.” Los lavabos, al no haber paredes, se encuentran en mitad del espacio, son grandes y con grifos flexibles, y como dicen los autores “parecía más divertido compartir con los demás ese rato, hablando y chillando, en vez de lavarse de las manos de cara a la pared.” La iluminación artificial consiste en simples bombillas con cordones para su encendido y apagado, así como con regulador de intensidad, “lo que permite a los niños comprobar cómo se extingue la luz en una bombilla”.

La escuela sólo tiene un tobogán. La cubierta carece de juegos ya que en sí misma es un juego. Mientras se construía la escuela los arquitectos decidieron visitar la Casa Milà de Gaudí, sobre todo a pasear por su cubierta. Sus dos hijos, de uno y cuatro años, no dejaron de correr como locos, les fascinaba ese lugar… aunque carecía de juegos infantiles. En la escuela Fuji, los niños descubren un nuevo escenario no predeterminado por juegos creados por adultos, sino que son los propios niños los que encuentran por sí mismos nuevos lugares imaginarios. “El primer día se intentó enlazar a todos los alumnos en la cubierta. Los profesores les guiaron hasta ella pero no consiguieron que se colocaran como querían, por el contrario se juntaban en torno a los lucernarios. Se veían las cabezas de los amigos en las aulas de abajo y eso les parecía mucho más interesante. La cubierta está ligeramente inclinada y esta leve inclinación es suficiente para incitarles a correr… Dicen que hay niños que dan 30 vueltas a la cubierta por la mañana, pero es que 30 vueltas son 5500 metros y no existe ninguna escuela infantil en Tokio en la que los alumnos puedan correr esa distancia sin obstáculos.”

Como decía el director de la escuela: “…cuando llueve es divertido, estar en la cubierta es divertido, los árboles son también divertidos…” Está claro que esta escuela refuerza el sentimiento de comunidad. “Un día la escuela estuvo terminada. Quinientos alumnos de infantil estaban sentados en el alero. Mil calcetines bailaban en el alero. Nadie del equipo involucrado en la obra pudo contener las lágrimas de agradecimiento ante esta imagen.”

Los Tezuka concluyen categóricos: “La vida moderna está privando a los niños de disfrutar de sensaciones… Lo que queremos enseñar a través de este edificio es sentido común.”

Y los que no entendemos de cosas complicadas sin duda les agradecemos la lección.

Granero en equilibrio.

Granero en equilibrio

Vivir una experiencia arquitectónica de vanguardia es algo que no está al alcance de cualquiera…

Conscientes de esta realidad y con el fin de promover la arquitectura de calidad como experiencia accesible a todos los públicos nace Living Architecture,  una organización británica fundada por el “gurú” cultural de la BBC, Alain de Botton, que aglutina a un grupo de arquitectos de prestigio, críticos, diseñadores y promotores, todos ellos con el próposito de, a través de la reevaluación de zonas rurales, acercar las emociones que provoca la buena arquitectura bajo una propuesta de alojamiento vacacional.

Es el caso de la Balancing Barn, en Suffolk,  obras de los holandeses MVRDV & Mole, en la que ya se puede reservar unas vacaciones semanales a un módico precio. Esta reinterpretación del granero tradicional se introduce en la naturaleza con un voladizo de 15 metros de longitud, retomando el diálogo con la  linealidad de los caminos y paisajes del condado británico. En el interior los habitantes disfrutan de una conexión permanente con el entorno a través de los multiples puntos de vista y el sutil balanceo de la estructura. En el exterior un revestimiento de metal donde se reflejan los cambios de estación.

Toda una declaración de perfecto equilibrio.

Video: entrevista con el arquitecto Winy Maas (MVRDV).


Romper la trama.

En 1893 Casimiro Meseguer proyectó una gran avenida con el fin de conectar los Jardines del Real con el borde marítimo de la ciudad. La Valencia fluvial y concéntrica quería afianzar su relación con el marítimo ya iniciada con el Camino del Grao (hoy Av. del Puerto). El ingeniero ideó un eje ajustado a la ortodoxia de finales del XIX, articulador de un nuevo ensanche sobre el que desarrollar un modelo de ciudad jardín. No fue así. El proyecto acusaba el conflicto que se producía al alcanzar la trama reticular de los “poblados marítimos” y, bajo la coartada de la no pertenencia de éstos al término municipal, dejó diferida y sin resolución la decisión más trascendente. Así fué aprobado, todo un despropósito.

En consecuencia la ciudad se ha visto abocada a largos años de controversias, debates y revisionismos sin alcanzar, no ya una solución técnica viable, que muchas se han propuesto, sino un acuerdo que permitiera materializar la misma. Porque el verdadero problema radica en que, cuestiones que nunca debieron abandonar el ámbito de lo disciplinar, donde pueden catalizarse y resolverse de forma natural, han quedado expuestas durante demasiado tiempo a la agresiva erosión del ámbito público, transformándose en vanal objeto de contienda política.

Blasco Ibañez hacia el mar

Blasco Ibañez desde Viveros hacia el mar.

Tras ciento veinte años y tres mil metros consolidados, el problema de la prolongación de la avenida de Blasco Ibañez hasta el Mar, abriéndose paso a través de la rígida trama del Cabanyal, está excesivamente contaminado como para poder resolverse satisfactoriamente. Quizás nunca se debió plantear un eje inconcluso, pero una vez iniciado su trazado éste debe concluirse de la mejor manera, y no puede aceptarse que un conjunto de políticos mantenga artificialmente la situación actual de degradación urbana y abandono de gran parte del Cabanyal.

Las ciudades, las tramas, los modelos de crecimiento se han superpuesto y articulado durante siglos, regenerando la vida que en ellos se desarrolla, transformándose para adaptarse a las nuevas necesidades sociales. Una transformación que debe hacerse con respeto hacia la historia, pero sin sometimientos, porque someterse es entrar en una vía muerta. Fué el caso de la centenaria Avenida Barón de Cárcer (Avenida del Oeste) de la que únicamente se ejecutó su primer tramo hasta el Mercado Central, quedando en el olvido las propuestas de los años 60 para que, cruzando el Barrio del Carmen, llegara hasta el viejo cauce del rio.

Esperemos que en esta ocasión sepamos, entre todos, romper la trama.

Blasco Ibañez y el Cabanyal

El Cabanyal interponiéndose en el trazado.

Posts relacionados: “Aquel paseo de Valencia al mar” (Los viajes de Genovés)

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Despuntes_

En el trabajo del arquitecto influyen multitud de pequeñas cuestiones que quedan al margen de la obra acabada: ideas, pensamientos, lecturas, imágenes..., son como los despuntes en el trabajo del ferralla, al final se apartan para armar la gavia.