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Volver a la Tugendhat.

Vista desde la calle

“Ninguna fotografía puede dar la impresión correcta. Uno tiene que moverse por la casa, su ritmo es música”.
Ludwig Hilberseimer. (1885-1967). Arquitecto.
Profesor de la Bauhaus

Cuando Grete Tugendhat volvió en Noviembre de 1967 a su casa de Brno tras 29 años de exilio, quedó horrorizada al observar el estado deplorable en que se encontraba, y apenas pudo reconocer lo que con el paso de los años se constituyó como uno de los paradigmas del Movimiento Moderno: la suntuosa y excepcional Villa Tugendhat, donde Ludwig Mies van der Rohe combinó con absoluta maestría los conceptos de fluidez espacial y vida íntima.

Fue en 1928 cuando el joven matrimonio judío formado por Fritz Tugendhat y Greta Weiss, interesados por la cultura alemana y conocedores de la casa Perls proyectada por Mies en 1911, deciden, tras entrevistarse con el arquitecto y quedar fuertemente impresionados por su personalidad, no solo encargarle el proyecto de su nueva casa, sino otorgarle carta blanca para que interviniera en el diseño de hasta el más mínimo detalle.

Mies en 1928

Mies se encontraba inmerso en pleno proceso de síntesis proyectual, con el encargo del Pabellón Alemán de la Exposición Universal de Barcelona encima del tablero, por lo que La Tugendhat le supuso la posibilidad real de aplicar los nuevos códigos impuestos por la razón en el marco del Movimiento Moderno, pero reinterpretados en base al conocimiento extraído de los nuevos métodos constructivos, un proceso que culminaría años más tarde en la Casa Fansworth. Hay que decir que la Villa Tugendhat fue denostada en su época por los radicales del Movimiento Moderno, debido a su altísimo coste (cien veces más que una vivienda convencional), y su nula aportación al pretendido fin social de la nueva arquitectura; pero ni Mies era un reformador social como Le Corbusier, ni la Tugendhat una mansión convencional.

Espacio diurno

Porque la Villa Tugendhat, con sus 2.600 m2 construidos, fue (y sigue siendo 80 años después) una obra pionera en el empleo de nuevas tecnologías aplicadas a la arquitectura. Fue la primera vivienda unifamiliar construida con estructura metálica y cerramientos totalmente liberados de cualquier función sustentante, llegando incluso, en el caso de los grandes ventanales de vidrio recayentes al jardín, a “desmaterializarse” por medio de un ingenioso mecanismo que los escamoteaba en el pavimento apretando tan solo un botón, permitiendo así establecer un continuo espacial entre el interior y exterior. Fue la primera vivienda climatizada con un sistema frio-calor, conducido además sin uitlizar conductos, sino a través de las tabiquerías, previo filtrado, e incorporando un sistema de compuertas que permitía controlar la temperatura de forma independiente en cada habitación…. Pero sin duda el mayor logro de la Tugendhat fue la sensación espacial única de su zona diurna, un espacio diáfano y amplio, cualificado solo con elementos muebles y materiales de excepcional calidad: paredes divisorias de ónice del Atlas, de ébano de Makassar, peldaños de travertino, pavimentos de linoleo, mobiliario en cuero y acero especialmente diseñado para la casa, acristalamientos curvados…, hasta los mismos pilares cruciformes de acero inoxidable se incorporan al mágico juego de superficies y reflejos. El espacio fluye y todo lo que en él se contiene.

No es de extrañar que el joven matrimonio quedara, tras los primeros días de habitar la casa, totalmente subyugados por la magia funcional y espacial de su nuevo hogar, no en vano habitaban un espacio adelantado a su tiempo en casi un siglo. Pero el gran mérito de Mies no solo consistió en llevar a cabo una propuesta teórica y experimental, sino que ésta fuera además un “hogar” en el que los Tugendhat,  sus hijos y amigos se sintieron enormemente confortados.

tugendhat_villa_1931

La zona diurna en 1.931

Lamentablemente solo la pudieron disfrutar ocho años.

En 1938 la familia se vio abocada al exilio tras la ocupación alemana y la casa fue expropiada, expoliada y transformada para albergar múltiples usos: oficinas, dependencias militares, cuadras…, hasta que en abril de 1945 los bombardeos y las acciones militares del final de la guerra dejaron la mansión en estado ruinoso. Tras un proceso de reparación se usa como escuela privada de danza y en 1950 el estado checo recupera la propiedad de la villa pasando a transformarse en clínica terapéutica. No fue hasta 1963 cuando es declarada monumento nacional y se encarga al arquitecto František Kalivoda que inicie los trabajos para su restauración definitiva. Kalivoda contacta con Grete Tugendhat, exiliada en Suiza, e implica al mismo Mies en los trabajos, pero la ocupación soviética  de Chekoslovaquia  en 1968 paraliza un proyecto que finalmente se va al traste con la muerte de Mies en agosto de 1969, de Grete Tugendhat en diciembre de 1970 y de Kalivoda en mayo de 1971.

Escuela de danza 1950

Convertida en escuela de danza

En 1980 la propiedad de la villa pasa a manos de la ciudad de Brno, con nuevas reformas para su uso institucional abriéndose al público en 1989 y posteriormente, desde 1994, como museo municipal. En 2001 se declara patrimonio de la humanidad por la UNESCO, y en 2007 los herederos de Firtz y Grete Tugendhat inician, ante la pasividad de la ciudad para acometer la restauración integral de la villa que continuaba degradándose, el procedimiento legal para la restitución de la propiedad incautada durante el holocausto. Esta medida de presión da sus resultados y aunque los herederos no recuperan la propiedad finalmente se alcanza un acuerdo con la ciudad, comenzando en febrero de 2010 los trabajos de lo que será una de las restauraciones de mayor calado efectuadas sobre una obra del Movimiento Moderno.

Durante dos años, bajo la dirección de un comité técnico de expertos, y con un presupuesto de 7 millones de euros, se procede a la reversión de la villa a su estado original: se utilizan los mismas composiciones químicas en los pavimentos de linóleo, en los yesos y pinturas; se recuperan los sanitarios originales (desaparecidos desde 1940 y hallados en una mansión cercana); las secciones de madera de ébano del muro curvo se restauran una vez recuperadas de la cantina universitaria a la que fueron trasladadas por el ejército alemán; se incorpora réplicas exacatas del mobiliario original. Todo ello según los planos dibujados en 1928 por Mies y conservados en el MoMA de Nueva York.

Por fin, en marzo de 2012, setenta y cinco años después de que los Tugendhat tuvieran que abandonarla, la Villa volvió a abrir sus puertas portando su antiguo esplendor, tal y como Mies Van der Rohe la proyectó. Tarde para Firtz y Grete, pero afortunadamente sus hijas Daniela y Ruth, fieles portadoras del espíritu firme y audaz que caracterizó a sus progenitores, han podido volver a la casa familiar, y así, moviéndose a través de ella, sumergirse en ese fluido espacial único y exclusivo para sentir la genialidad en estado puro.

 

Algunas fotos más. Por favor, activa la galería pulsando encima de las imágenes:


 

En este interesante video se percibe lo excepcional de la restauración ejecutada. Además se muestran imágenes de la vida familiar de los Tugendhat entre 1930 y 1938:Imagen de previsualización de YouTube

 

Web oficial_ Villa Tugendhat.
Para saber más_ Dedece Blog.
Photo Credits_ David Židlický

Los edificios “raros”

Este artículo viene rondándome por la cabeza desde que un primo mío, que me hacía de guía, se refirió al Centro Tecnológico de La Rioja como “ese edificio raro”. Mi cara de perplejidad no fue entendida por él, “está claro ¿no? ESE es un edificio raro, muy raro, no se parece a un edificio normal”. ¿Pero qué se entiende por un edificio normal?

Y con esa disquisición llevo ya un tiempo.

Claro que el primer sinónimo que me surge para “normal” es el de “banal”, pero esto no es tan simple. Las ciudades siguen construyéndose en un 90% con un estereotipo de edificio “banal”, donde la imagen con la que se representa frente a la ciudad, su “fachada”, es como un telón de fondo de teatro, podría ser ése como podría ser cualquier otro, la fachada como ente autónomo, desligada de cualquier idea de proyecto y, por tanto, fácilmente asimilable a modas, lo que coloquialmente llamo “fachadismo”.

Este culto a la imagen en sí misma, habitualmente pretenciosa y desligada del contexto, es el contrapunto necesario que deben ver algunos “colegas” a unas distribuciones insulsas, previsibles y estancadas en estereotipos (ya caducos).

Pero no es algo exclusivo del ensanche de nuestras ciudades. También se puede observar en muchos concursos públicos (incluso en primeros premios, lo cual dice bien poco de los jurados), donde se vuelve una y otra vez al absurdo de formas rocambolescas, absurdas y excesivas, derivadas tal vez del culto informático por determinados programas de diseño y generación tridimensional, que “adornan” y hacen “bien presentado” propuestas de lo más sosas.

Pero afortunadamente cada vez se observan más buenos ejemplos de lo que algunos todavía llaman “edificios raros” pero que no dejan de ser propuestas meditadas y complejas de una Arquitectura inteligente, consciente, respetuosa y, sobre todo, muy humana. Dentro de esta “buena” Arquitectura (con mayúsculas, claro) quiero mencionar dos formas de actuar diferenciadas, que no opuestas. Tal y como lo veo son dos estrategias complementarias:

A_ La TOPOGRÁFICA, Arquitectura de bordes urbanos y entornos rurales, donde la cuidada integración entre naturaleza y tecnología demuestra que podemos ser respetuosos mediante una técnica de camuflaje, donde se diluyen las fronteras entre las disciplinas de la arquitectura, el urbanismo y el paisajismo, dando como resultado un valor añadido y muy apreciado por los usuarios de esa nueva experiencia de habitar y trabajar en edificios.

Claro ejemplo era el mencionado Centro Tecnológico de La Rioja, sabio proyecto de los arquitectos Alejandro Zaera-Polo y Farshid Moussavi, donde un complejo programa queda diluido en una obra que acabará con los años mimetizándose con el entorno, cuando esos tensores de acero se recubran finalmente de enredaderas.

B_ La OBJETUAL, Arquitectura urbana de simplicidad conceptual y complejidad técnica, donde la aparente ausencia de escala, acerca el mundo de la arquitectura y el del diseño. Se tratan de propuestas rotundas que encierran complejas relaciones, una muy estudiada inserción en el entorno urbano que se depura tanto que llega a plasmarse como idea simple. Cualquier referencia al proyectar tradicional es eliminada, el edificio se plantea con una abstracción tal, que bien podría decirse que huye de las referencias tradicionales a altura de cornisa, basamento, ventanas… Esas definiciones trasnochadas se sustituyen con naturalidad por otras del tipo transparencia, livianidad, neutralidad…

Con el sabio empleo de la escala (en su aparente ausencia) el objeto deviene en monumento. De este modo, el edificio se aleja de modas, adquiere calidad urbana y, por tanto, construye ciudad.

Buen ejemplo de este tipo sería el Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York, de los arquitectos Kazujo Sejima y Ryue Nishizawa. Este proyecto se asemeja al apilamiento de siete cajas, una sobre la otra, con una naturalidad y ausencia de estridencias que asombra, en lo que no es otra cosa que una estrategia urbana para conciliar una estricta normativa con un complejo programa. La piel es un elemento crucial, otorga una apariencia única, sensible y mutable.

Con los resultados de ambas maneras de proyectar me emociono y, a la vez, me reafirmo en la enorme fortuna y potencial que tenemos los arquitectos como transformadores de la ciudad, aunque en ocasiones nuestras obras no sean más que “edificios raros”.

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Despuntes_

En el trabajo del arquitecto influyen multitud de pequeñas cuestiones que quedan al margen de la obra acabada: ideas, pensamientos, lecturas, imágenes..., son como los despuntes en el trabajo del ferralla, al final se apartan para armar la gavia.