Archivar por julio, 2011

Luz y sombra.

Alberto Campo Baeza, gran arquitecto, mejor comensal, erudito, orador, docente, escritor, humanista libre pensador y profeta; sin reloj, sin coche, sin móvil y sin tele, último mohicano en tierra de forajidos, permita usted que muestre un recorte de un artículo suyo, a modo de modesto homenaje a su figura:

“Cuando un arquitecto descubre que la luz es el tema central de la arquitectura, es cuando empieza a ser un verdadero arquitecto.

Material lujoso. La luz es el material más hermoso, el más rico y el más lujoso utilizado por los arquitectos. El único problema es que se nos da gratuitamente, que está al alcance de todos y que entonces no se valora suficientemente.

Emoción. Y para hacer presente la luz, para hacerla sólida, es necesario la sombra. La adecuada combinación de luz y sombra suele despertar en la arquitectura la capacidad de conmovernos en lo más profundo, suele arrancarnos las lágrimas y convocar a la belleza y al silencio.

Cantidad de luz. Muchas veces he comparado en mis clases la luz con la sal. Cuando la luz se dosifica con precisión, como la sal, la arquitectura alcanza su mejor punto. Más luz de la cuenta deshace, disuelve la tensión de la arquitectura. Y menos la deja sosa, muda.

Cualidad de luz. Y si la cantidad de luz empleada es importante, no lo es menos la calidad. Así nos lo ha enseñado siempre la historia… En el Panteón de Roma, la sabiduría del arquitecto le lleva a enmarcar la máxima cantidad de luz con la máxima cantidad de sombra. Y así el óculo luminoso se cerca con la más profunda sombra que hace más luminosa aun si cabe aquella luz divina venida de lo alto.

… yo no quiero más que reivindicar este valor de la luz como material primero y principal con el que trabajamos los arquitectos. Y que se nos concede gratuitamente cada día. Para permanecer en la memoria y en el corazón de la gente. Para hacerles felices con la arquitectura.”

Una vez más nos demuestra que es arquitecto de elocuente oratoria… y orador de elocuente Arquitectura.

Sinergia.

De los muchos factores que pueden influir en el trabajo del arquitecto, y en la deriva de la obra hacia un resultado de mayor o menor calidad arquitectónica, existe uno que destaca sobre el resto y que, en el caso de los proyectos de vivienda unifamiliar, tiene especial incidencia; éste no es otro que el vínculo arquitecto-cliente, o lo que de una manera más gráfica podíamos denominar el “feeling”.

El proceso de generar arquitectura es complejo y conjuga elementos a menudo de difícil articulación: técnica, estética, economía, ilusión, construcción, legalidad… Por ello es necesario que los clientes no iniciados recorran un básico camino de aprendizaje, una corta instrucción que les permita entender, decidir, y sobre todo, reconocer y disfrutar de la buena arquitectura; de la misma forma que sólo aquel que previamente ha cultivado su paladar puede llegar a deleitarse degustando un buen vino, o de la misma manera que sólo el asiduo a la sala de conciertos es capaz de emocionarse con la interpretación de una sinfonía.

Un abogado, un economista, un informático o un trabajador cualquiera no tiene porqué poseer los elementos de juicio necesario para poder abordar en solitario y con garantías la singladura que se inicia desde los primeros bocetos de la obra. Lo habitual es limitarse a lo conocido, a sus experiencias. Por ello corresponde al arquitecto ejercer de guía en este viaje, y de su elocuencia y capacidad para transmitir conceptos y emociones, de su esfuerzo y empeño en establecer vínculos y complicidades, dependerá casi en exclusividad el éxito de la obra acabada.

Es sorprendente comprobar cómo cuando se logra aunar voluntades cambian las premisas y los requerimientos, estableciéndose una poderosa sinergia. El cliente ganado para “la causa” de la arquitectura es incondicional, y se convierte en el mayor garante de la integridad de los conceptos esenciales del proyecto sobre los que finalmente se materializa la obra, tomando en algunas ocasiones la iniciativa e incluso realizando propuestas arriesgadas ante la sorpresa del arquitecto.

Es el caso que hemos vivido con la casa en el barrio de Nazaret (Valencia). Una pareja joven, alejada de cualquier élite económica, ajena a tendencias artísticas, vanguardias o círculos exclusivos. Sin duda pudiéramos decir que son personas normales, pero su enorme predisposición a conocer, su osadía ante lo nuevo y su firmeza e integridad en la toma de decisiones los convierte sin duda en especiales. Como tantos otros acudieron a la primera entrevista con su boceto, su idea, su vivencia…, pero una vez creada la sinergia ya no importa quién sea el contratista, qué opiniones tengan familia y amigos, la formalidad de los industriales, e incluso las limitaciones económicas… El éxito está asegurado.

Nos quejamos de la poca calidad arquitectónica que en general tienen nuestras ciudades, pueblos y urbanizaciones. Parte de la responsabilidad recae en los arquitectos “desertores” y en su actitud pasiva y de resignación ante cualquier propuesta inicial de arquitectura carente de pálpitos. Involucremos pues al cliente en la emoción de proyectar y en la experiencia tectónica, creemos sinergia…, lo demás será sencillo.

boceto

El comienzo...

sinergia

...la sinergia...

obra Nazaret

...la construcción.

(Nuestro más sincero agradecimiento a Patri y Chano.)

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Despuntes_

En el trabajo del arquitecto influyen multitud de pequeñas cuestiones que quedan al margen de la obra acabada: ideas, pensamientos, lecturas, imágenes..., son como los despuntes en el trabajo del ferralla, al final se apartan para armar la gavia.