Archivar por junio, 2011

Los bocetos de l’Alcudia


Al hilo del escrito Decálogo, quiero participaros en la contemplación de los dibujos realizados por el maestro Alejandro de la Sota en 1984 para un proyecto no construido de viviendas en L’Alcudia, Mallorca. Constituyen un intenso ejercicio de imaginación donde lo que prevalece es la devoción por la vida en sí misma, por su disfrute, con el sabio convencimiento que la arquitectura no debe ser la protagonista sino un telón de fondo que posibilite y potencie una vida mejor.

La memoria del proyecto dice textualmente:

“Ver el mar desde todas las casas: tener vida íntima en todas ellas. Se pensó en una casa abierta, convirtiendo la parcela, el jardín, en auténtica casa, debajo de buganvillas y enredaderas… sobre ellas el mirador solárium.”

Como condimento a la degustación de estos croquis, no hay mejor texto que el escrito por Juan Navarro Baldeweg en “Alejandro de la Sota: construir, habitar”:

“Lo que queda así captado es un modo de vivir. Los dibujos adquieren el aire y el alcance de una utopía, en la que los personajes componen un delicioso retrato de vida mundana: contemplación y ligereza estival. Junto al coche deportivo, dos figuras charlan en la cancela mientras que, en la línea del horizonte, un barco sugiere que la escena tiene lugar en una isla. La rutina diaria se desarrolla sobre un fondo difícilmente constrictivo, en el clima dulce del litoral mediterráneo. Su carácter libre, sin insistencias ni obstrucciones y su transparencia se refuerzan en el juego de continuidades, oposiciones, reflejos y simetrías del proyecto, y en la disposición de sus elementos constructivos.
En los dibujos de Alcudia se aprecia la elusiva magia de la obra de Alejandro de la Sota. Todo es transparente y explícito y, sin embargo, la arquitectura se retira, se oculta, se vuelve casi opaca. Estos dibujos ilustran admirablemente lo que hubiera sido este conjunto de viviendas de haberse construido, y reflejan la idea de una arquitectura que, en actitud desprendida y austera, es capaz de negarse a sí misma.”

Viendo estos croquis, sentimos en la piel la vida ociosa, la proximidad del mar y el lento paso del día. Aquí encontramos el Decálogo mencionado: lo cotidiano, la luz, la naturaleza, la brisa, el refugio… ¡Pero qué emocionante sigue siendo proyectar el lugar dónde vivimos!

Magister dixit …

“La arquitectura puede entenderse como un intento de la razón por superar los límites inmediatos y opresivos impuestos por la naturaleza. Hoy en día el proceso racional ha excedido el límite del necesario principio de respeto a la naturaleza, y como consecuencia vivimos un periodo de desconfianza respecto a la razón en general, y a la arquitectónica en particular, con modelos de trabajo y edificios que buscan diluirse y fundirse con lo natural, denotando una posición ‘acomplejada’ que duda de que la arquitectura pueda ofrecer opciones positivas, capaces de dar más y de generar una relación recíproca con lo natural. Así ocurre, independientemente de su capacidad expresiva, con las arquitecturas que se conforman sólo como reflejo inmediato de los procesos geométricos minerales, o con los blobs, curvilíneos y retorcidos hasta el infinito como si fueran de arcilla.”


Una buena definición del panorama arquitectónico actual, extraída de la web del arquitecto navarro Francisco Mangado, autor del Pabellón de España en la EXPO 2008 (Premio de Arquitectura Española 2009).

El contenedor de la máquina.

factoryskyline

“El milagro de nuestro tiempo, querido amigo, son para mí las máquinas y los edificios construidos para ellas, llamadas factory. Un ejemplo usual puede tener hasta ocho y nueve pisos de alto, y tiene además hasta cuarenta ventanas a lo largo y al menos cuatro de profundidad. Las columnas son de metal y las vigas que se apoyan sobre éstas también. Un gran número de estos contenedores se encuentra también en puntos muy elevados que dominan los alrededores, a ésto se le suma un bosque de chimeneas aún más altas. Producen un maravilloso efecto desde lejos, sobre todo de noche, cuando millares de ventanas se iluminan con la luz de gas…”

Cuando Peter Beuth escribía estás palabras a Schinkel en 1823, fruto de la profunda impresión por la nuevas edificaciones industriales surgidas en Inglaterra, el mundo de la arquitectura no era aun consciente de la revolución que se avecinaba de mano de la incipiente era industrial, y que acabaría trastocando los viejos valores estéticos para alumbrar un nuevo modo de ver e interpretar la arquitectura, dando paso a la convulsión que originó el Movimiento Moderno.

Y fué así porque la arquitectura de los espacios industriales se ofrecía a los arquitectos como un emocionante e ingente campo de innovación: el desarrollo de novedosos programas, su inserción y relación con el territorio; las nuevas técnicas, formas y escalas de trabajo; los nuevos materiales y pieles de la edificación, y su relación con la componente estructural; la creación de nuevos elementos simbólicos…

Fábrica Fagus

Fábrica Fagus. (Walter Gropius, 1911)

Y por ello durante mucho tiempo esa visión de la fábrica fué objeto de culto por parte de ciertas élites intelectuales: ingenieros, arquitectos, críticos, cineastas; que nos dejaron el legado de sus fantásticoas edificios industriales como los de A. Kahn, H. Van de Velde, P. Behrens, W. Gropius, A. Jacobsen, H. Poelzing, B. Taut,… Obras que sirvieron de inspiración a cineastas como Chaplin o Fritz Lang para retratar el espíritu de la revolución de la máquina en sus inolvidables “Tiempos modernos” (1936) o “Metrópolis” (1927).

Pero a partir de la segunda mitad del s.XX y una vez superados los paradigmas de la modernidad que vinieron de mano de la “máquina” (efciencia y funcionalidad), la “factory” fue desterrada paulatinamente de los tableros de los arquitectos quedando relegada a una tipología menor. De esa forma hoy en los cinturones industriales de nuestras ciudades se suceden construcciones en su mayoría anodinas y carentes de expresión, conformando esa ya tradicional y deplorable primera imagen de lo urbano.

Por ello como arquitectos debemos reivindicar el valor intrínseco que para la arquitectura tiene la edificación industrial, ofreciéndose como un privilegiado banco de pruebas donde experimentar con nuevos materiales y sistemas que abran caminos inéditos, superando el actual estancamiento de una arquitectura excesivamente introspectiva y atrapada en una mueca de formalismo forzado como único recurso expresivo, una vez agotadas sus capacidades tecnológicas y posibilidades de evolución.

Recuperemos el edificio industrial,—la fábrica, el almacén, el silo, la chimenea—, para la arquitectura, de forma que los Beuth o los Chaplin de nuestro tiempo puedan volver a estremecerse al divisar a lo lejos el gran contenedor de la máquina.

Bibliografía: Industria y arquitectura moderna en España, 1925-1965, Celestino García Braña.


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Despuntes_

En el trabajo del arquitecto influyen multitud de pequeñas cuestiones que quedan al margen de la obra acabada: ideas, pensamientos, lecturas, imágenes..., son como los despuntes en el trabajo del ferralla, al final se apartan para armar la gavia.