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El contenedor de la máquina.

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“El milagro de nuestro tiempo, querido amigo, son para mí las máquinas y los edificios construidos para ellas, llamadas factory. Un ejemplo usual puede tener hasta ocho y nueve pisos de alto, y tiene además hasta cuarenta ventanas a lo largo y al menos cuatro de profundidad. Las columnas son de metal y las vigas que se apoyan sobre éstas también. Un gran número de estos contenedores se encuentra también en puntos muy elevados que dominan los alrededores, a ésto se le suma un bosque de chimeneas aún más altas. Producen un maravilloso efecto desde lejos, sobre todo de noche, cuando millares de ventanas se iluminan con la luz de gas…”

Cuando Peter Beuth escribía estás palabras a Schinkel en 1823, fruto de la profunda impresión por la nuevas edificaciones industriales surgidas en Inglaterra, el mundo de la arquitectura no era aun consciente de la revolución que se avecinaba de mano de la incipiente era industrial, y que acabaría trastocando los viejos valores estéticos para alumbrar un nuevo modo de ver e interpretar la arquitectura, dando paso a la convulsión que originó el Movimiento Moderno.

Y fué así porque la arquitectura de los espacios industriales se ofrecía a los arquitectos como un emocionante e ingente campo de innovación: el desarrollo de novedosos programas, su inserción y relación con el territorio; las nuevas técnicas, formas y escalas de trabajo; los nuevos materiales y pieles de la edificación, y su relación con la componente estructural; la creación de nuevos elementos simbólicos…

Fábrica Fagus

Fábrica Fagus. (Walter Gropius, 1911)

Y por ello durante mucho tiempo esa visión de la fábrica fué objeto de culto por parte de ciertas élites intelectuales: ingenieros, arquitectos, críticos, cineastas; que nos dejaron el legado de sus fantásticoas edificios industriales como los de A. Kahn, H. Van de Velde, P. Behrens, W. Gropius, A. Jacobsen, H. Poelzing, B. Taut,… Obras que sirvieron de inspiración a cineastas como Chaplin o Fritz Lang para retratar el espíritu de la revolución de la máquina en sus inolvidables “Tiempos modernos” (1936) o “Metrópolis” (1927).

Pero a partir de la segunda mitad del s.XX y una vez superados los paradigmas de la modernidad que vinieron de mano de la “máquina” (efciencia y funcionalidad), la “factory” fue desterrada paulatinamente de los tableros de los arquitectos quedando relegada a una tipología menor. De esa forma hoy en los cinturones industriales de nuestras ciudades se suceden construcciones en su mayoría anodinas y carentes de expresión, conformando esa ya tradicional y deplorable primera imagen de lo urbano.

Por ello como arquitectos debemos reivindicar el valor intrínseco que para la arquitectura tiene la edificación industrial, ofreciéndose como un privilegiado banco de pruebas donde experimentar con nuevos materiales y sistemas que abran caminos inéditos, superando el actual estancamiento de una arquitectura excesivamente introspectiva y atrapada en una mueca de formalismo forzado como único recurso expresivo, una vez agotadas sus capacidades tecnológicas y posibilidades de evolución.

Recuperemos el edificio industrial,—la fábrica, el almacén, el silo, la chimenea—, para la arquitectura, de forma que los Beuth o los Chaplin de nuestro tiempo puedan volver a estremecerse al divisar a lo lejos el gran contenedor de la máquina.

Bibliografía: Industria y arquitectura moderna en España, 1925-1965, Celestino García Braña.


Decálogo.


DECÁLOGO DE DESEOS SOBRE EL FUTURO DE LA VIVIENDA.

1_ COTIDIANO
La casa contemporánea precisa una mirada positiva hacia lo cotidiano. Nada de lo que pase en el ámbito doméstico es ya banal, mejor dicho, cada instante doméstico debe poder transformarse en una experiencia estética. A veces la casa se parecerá a un museo, un fondo neutro donde los recuerdos y algunos muebles puedan ser “expuestos” por sus habitantes tras una minuciosa selección. Poco pero intenso, podría ser el lema.

2_ PATIO
La casa de mis abuelos tenía un bello patio con una higuera que daba sombra y un estanque con el que nos refrescábamos. Toda casa debería recuperar de la tradición este espacio que permite la vivencia exterior, bien sea a modo de patio, jardín, terraza o pequeño balcón, pero su búsqueda bien merece la pena. Integrar el espacio exterior como una estancia más. Difuminar límites dentro–fuera.

3_ ILUMINACIÓN
Recuperar el placer de sombras y contraluces. El fuerte y aplastante sol mediterráneo domesticado mediante celosías, parasoles y velos. Dentro o fuera no será nunca más un concepto definido por una pared, ni tan siquiera por un vidrio, sino más bien por una línea intensa marcada por la luz en el suelo. A veces, esta transición se difuminará con toldos, emparrados y ramas en movimiento…

4_ NATURALEZA
Ya hemos tomado conciencia de la calidad que aporta el convivir en armonía con la naturaleza. Plantas y árboles nos enseñan otro ritmo de vida, más lento, más contemplativo. La vegetación es, por estar viva y aparentemente frágil, lo contrario a la arquitectura y, por tanto, su complemento necesario. En este sentido, incluso los edificios incorporarán retales de esa naturaleza artificial en su programa y en su fachada.

5_ BRISA
Preferimos sentir el movimiento suave de la brisa frente a cualquier clima generado artificialmente. Esa ventilación cruzada que plasma la sabiduría popular en una arquitectura moderna pragmática, sin dogmas, en continuidad. “Construir con aire” como diría Alejandro de la Sota: “la arquitectura es el aire que respiramos, pero un aire cargado de olores, de sabiduría, un aire transformado por la Arquitectura”.

6_ CUBIERTA
Qué bonita experiencia poder contemplar un atardecer desde una plataforma elevada. La enseñanza de La Unité de Marsella sigue válida sesenta años después. La cubierta es la oportunidad de recuperar el terreno que se ocupa, de devolver a la tierra lo que es de ella, de integrar el edificio en su entorno. Nunca más una fachada olvidada, sino un lugar para la relación social y para la contemplación.

7_ MULTIMEDIA
El centro urbano como lugar físico pierde importancia con las nuevas tecnologías. El desplazamiento deja de ser relevante frente a la posibilidad de conexión desde cualquier lugar y en cualquier momento. Los media: internet, teléfono, televisión… forman parte ineludible de nuestra vida moderna. Debe ser fácil la comunicación entre el micro-mundo doméstico y el macro-mundo y sus redes.

8_ TECNICA
Vivimos la tecnificación de la casa. Nuevas redes recorren techos, suelos y paredes, mediante configuraciones extensas y homogéneas que, a modo de tentáculos o nervios, conectan lo doméstico con el mundo. La técnica permitirá proyectar las casas como un espacio libre y abierto apoyado con un equipamiento especializado. Técnica con un doble objetivo: la eliminación del sufrimiento en las tareas domésticas así como en los procesos de construcción.

9_ REFUGIO
A la vez, es indispensable tener la posibilidad del aislamiento, tanto físico como frente al exceso de información. Precisamos confiar en la casa como refugio que nos protege y recarga. Se trata de un espacio diáfano, homogéneo y multicapa; pero donde sigue siendo preciso un último reducto para el descanso nocturno. A modo de división permanente o temporal, de mueble abatible o de mera cortina, pero deseamos disponer de ese rincón para la intimidad.
Diría más, es la única función que precisa de un aislamiento. La cocina se diluyó como un mueble más dentro del multiespacio antes denominado salón; el estudio se convirtió en un portátil en cualquier lugar; la higiene personal se disgregó a modo de spa sacando bañera, ducha y lavabo fuera del recinto cerrado; la cabina del inodoro se redujo hasta parecer un armario; el vestíbulo se descartó por ser innecesario y “tan del siglo XX”; ¿qué nos queda? Dormir.

1O_ CIUDAD
Por último, la ciudad representa el espíritu de nuestra época y su característica principal es la pérdida de los límites. Flujos que atraviesan la ciudad, la conectan y la diluyen, transformando la ciudad en un híbrido entre lo rural y lo urbano. Amplias zonas verdes deben penetrar en la ciudad contemporánea. Una nueva conciencia ciudadana aspira a la sostenibilidad a través de la creación de paisajes artificiales que emulan a aquellos naturales.

…deseos que procuran convertirse en realidad con cada nuevo proyecto que llega.

Romper la trama.

En 1893 Casimiro Meseguer proyectó una gran avenida con el fin de conectar los Jardines del Real con el borde marítimo de la ciudad. La Valencia fluvial y concéntrica quería afianzar su relación con el marítimo ya iniciada con el Camino del Grao (hoy Av. del Puerto). El ingeniero ideó un eje ajustado a la ortodoxia de finales del XIX, articulador de un nuevo ensanche sobre el que desarrollar un modelo de ciudad jardín. No fue así. El proyecto acusaba el conflicto que se producía al alcanzar la trama reticular de los “poblados marítimos” y, bajo la coartada de la no pertenencia de éstos al término municipal, dejó diferida y sin resolución la decisión más trascendente. Así fué aprobado, todo un despropósito.

En consecuencia la ciudad se ha visto abocada a largos años de controversias, debates y revisionismos sin alcanzar, no ya una solución técnica viable, que muchas se han propuesto, sino un acuerdo que permitiera materializar la misma. Porque el verdadero problema radica en que, cuestiones que nunca debieron abandonar el ámbito de lo disciplinar, donde pueden catalizarse y resolverse de forma natural, han quedado expuestas durante demasiado tiempo a la agresiva erosión del ámbito público, transformándose en vanal objeto de contienda política.

Blasco Ibañez hacia el mar

Blasco Ibañez desde Viveros hacia el mar.

Tras ciento veinte años y tres mil metros consolidados, el problema de la prolongación de la avenida de Blasco Ibañez hasta el Mar, abriéndose paso a través de la rígida trama del Cabanyal, está excesivamente contaminado como para poder resolverse satisfactoriamente. Quizás nunca se debió plantear un eje inconcluso, pero una vez iniciado su trazado éste debe concluirse de la mejor manera, y no puede aceptarse que un conjunto de políticos mantenga artificialmente la situación actual de degradación urbana y abandono de gran parte del Cabanyal.

Las ciudades, las tramas, los modelos de crecimiento se han superpuesto y articulado durante siglos, regenerando la vida que en ellos se desarrolla, transformándose para adaptarse a las nuevas necesidades sociales. Una transformación que debe hacerse con respeto hacia la historia, pero sin sometimientos, porque someterse es entrar en una vía muerta. Fué el caso de la centenaria Avenida Barón de Cárcer (Avenida del Oeste) de la que únicamente se ejecutó su primer tramo hasta el Mercado Central, quedando en el olvido las propuestas de los años 60 para que, cruzando el Barrio del Carmen, llegara hasta el viejo cauce del rio.

Esperemos que en esta ocasión sepamos, entre todos, romper la trama.

Blasco Ibañez y el Cabanyal

El Cabanyal interponiéndose en el trazado.

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La libertad de Mr. Hulot

Vivimos sumidos en la sociedad de la información y de los medios de masas, o más bien deberíamos decir “sometidos”. La imagen lo invade todo, lo puede todo, lo es todo; y la arquitectura no escapa a este fenómeno. Los terminales mediáticos bombardean sin tregua las retinas de la sociedad con todo tipo de “casoplones”, “supercasas” y ” megaconstrucciones” convertidas en un objeto de consumo más, de embelesamiento; en un espectáculo vacío de expresión, incapaz de generar crítica, emoción y pensamiento.

Es un error concebir la arquitectura sólo a través de su  imagen, y no estamos hablando de cuestiones formales, sino de quedarse en lo superficial, de no trascenceder más allá del espejismo, en una cada vez mayor promoción por el culto a las apariencias, el peor enemigo de la buena arquitectura, porque sin duda alguna, lo mejor de la arquitectura no se puede retratar.

Moneo habla de la arquitectura del decoro, de lo justo, de nada más. Mantiene que una casa ha de ser capaz de absorber la personalidad de quien la habita, sin imposiciones por parte de la arquitectura, respetando la libertad del individuo de apropiarse del espacio. Sabia enseñanza. La arquitectura debe ser capaz de generar libertad.

Es la libertad que disfruta Mr. Hulot frente a la dominación que sufre la familia Arpel, atrapada en su ultramoderna vivienda, (en la genial “Mon Oncle” (1958) de Jacques Tatí). Una crítica a ese afán burgués por una fatua modernidad basada en las falsas apariencias, la depedencia excesiva de las tecnologías y la falta de referencias culturales.

 

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Mr Hulot y Gerard

Mr Hulot y Gerard

Los faraones ya no viven en Tebas.

“Posiblemente para satisfacer a la persona o ente que la encarga hay una arquitectura que se fundamenta en la exhibición de los elementos que la determinan: arquitectura en cuanto a exhibición de poder económico, de medios técnicos, de conocimientos históricos, de remiendos compositivos; mira cuanto dinero, mira cuantos tubos de instalaciones, mira cuantos ejes, cuantos pilares o cuantas molduras.

Pero hay otra manera de hacer edificios, quizás no tan ligada a servidumbres profesionales o a un cierto concepto del trabajo, en la que precisamente de lo que se trata es de neutralizar y hacer irreconocibles esos instrumentos. En ella tal y como sucede en las actuaciones de los magos es fundamental que los instrumentos con los que se auxilia permanezcan invisibles, y que no se aprecie el esfuerzo o dificultad alguna en la ejecución del prodigio…”

Muchas mañanas al levantar la persiana de mi dormitorio y toparme con los “arquifactos” que se amontonan en la llamada Ciudad de las Artes y las Ciencias, no puedo evitar recordar estos dos párrafos escritos décadas atrás por Pep Llinás sobre la obra del maestro Alejandro de la Sota, y que han supuesto para mí en estos años un valioso manifiesto en base al que aproar el ejercicio de mi profesión. En ellos se contiene la esencia de una arquitectura basada en el valor de la idea, en la solidez del concepto, principios que deben prevalecer en la obra antes, durante y después de su materialización; una arquitectura ordenada, comprometida, impervertida, íntegra.


Pero por desgracia existe también otra arquitectura, siempre ha existido. Es aquella de la que se vale el gobernante (o el poderoso) para reafirmar su autocracia, y que a su vez se vale del gobernante (o el poderoso) para, en una simbiosis perversa, financiar una fastuosidad engreída y jactanciosa. Una arquitectura exhibicionista, ostentosa, impúdica; realizada por arquitectos dispuestos a poner su talento al servicio de la fama y el dinero. Ya en la antigua Tebas, los faraones se valían del colosalismo de la arquitectura para eternizar su pretendida deidad, alienando a un pueblo que se dejaba impresionar por el fausto y el alarde.

Cuatro mil años después las cosas no han cambiado mucho. Ahora los faraones viven en los palacios presidenciales, en los ayuntamientos, o en cualquier centro de poder y decisión, y siguen construyéndose templos y pirámides con la misma vocación lujuriosa y obscena, con la misma impostura que un millonario adquiere una “firma” en un lienzo para decorar su mansión.

No puedo dejar de subir cada mañana mi persiana…, la suerte es que por ello nunca olvidaré la enseñanza de Llinás y de la Sota.

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Despuntes_

En el trabajo del arquitecto influyen multitud de pequeñas cuestiones que quedan al margen de la obra acabada: ideas, pensamientos, lecturas, imágenes..., son como los despuntes en el trabajo del ferralla, al final se apartan para armar la gavia.