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El espíritu de los nombres.

Las buenas casas tienen nombres sugerentes. Y no me refiero al trasnochado “Villa Amparito”, claro está, sino a algo similar a lo que sucede con esos nombres culinarios tan atractivos que sólo oyéndolos uno ya empieza el disfrute del plato, imaginándose un sinfín de olores y sabores.

Así pues, una casa a la que llaman “de la Barbacoa” hace que mi imaginación se traslade de inmediato a una soleada tarde de domingo, con toda la familia reunida alegremente en torno a la mesa en el jardín, bajo la copa de un gran árbol… Sosiego, brisa fresca y disfrute de lo mejor de la vida… ¡Y no he visto todavía ni el proyecto ni sus fotografías!

casa barbacoa

Y cuando descubro la realidad veo que sus propietarios, una pareja de ancianos con una amplia familia, querían tan sólo un lugar de reunión, tal vez para pasar allí el estío. Un deseo que el arquitecto Pepe Gascón entiende y plasma perfectamente ejecutando una casa sencilla, tan sólo un muro, el de la barbacoa, donde bajo un techo sin revestimientos acristala un espacio que encuentra su esencia en el diálogo con el exterior. Es allí donde la familia se reúne bajo los pinos para poder charlar y disfrutar de esos maravillosos instantes, que son siempre los únicos que realmente cuentan…

Otro ejemplo es el lujurioso, por largo, y a la vez ensoñador nombre de la casa “Un Bosque para una Admiradora de la Luna”… Aquí me imagino una casa de cuento junto a un bosque mágico, donde me puedo tumbar a observar la luna, todo ello en un ambiente relajado y cálido.

unbosqueparaunaadmiradoradelaluna

Y así es la casa que el arquitecto costarricense Benjamín García Saxe proyecta para su madre lejos del bullicio de la ciudad, y que construye con troncos de árboles, mosquiteras y chapa, con una simplicidad de medios abrumadora, pero hermosa como muchas otras quisieran. Con una zona para estar, contemplando el bosque, y otra zona para dormir, donde contemplar la luna y, según cuenta ella, acordarse tanto de él como de su hermano.

¿Y qué decir del nombre de “Capilla del Atardecer”? Allí no me imagino otra cosa que recogimiento y agradecimiento, por esos momentos divinos, mil veces únicos, siempre a la espera del nuevo sol.

capilladelatardecer

Y con ese pensamiento los arquitectos mejicanos BNKR Arquitectura, materializan el encargo de construir una pequeña capilla en un enclave privilegiado, con el único requisito de ver el sol ponerse exactamente detrás de la cruz del altar en los dos días de los equinoccios. Para ello vuelcan el espacio hacia el horizonte, el agua y los árboles, tamizando la luz de tal manera que la magia se apodera de los espectadores.

Ring_House

Y sería imperdonable no mencionar aquí la sensibilidad japonesa con, por ejemplo, la “Ring House” (la “Casa de los Anillos”, por su forma, pero también llamada la “Casa en el Bosque”) donde Takei-Nabeshima-Architects “deconstruyen” (como diría Ferrán Adrià) una casa en forma de anillos, eliminando cualquier referencia doméstica para conseguir un “objeto” anular que permite la visión de 360º de su entorno boscoso… No hay fachada principal, no hay trasera, aquí lo único principal es el paisaje…

balancing-barn

Y como última muestra “The Balancing Barn” (“El Granero en Equilibrio o “Casa del Columpio”) de mis admirados holandeses MVRDV ¡Y claro que tiene un columpio! Y como le sucede a los niños cuando llegan al parque y se abalanzan hacia “su” columpio, aquí los huéspedes (la casa se alquila por semanas) “gozan” y disfrutan de la maravillosa campiña inglesa durante su estancia. Pero es más, la propia arquitectura es un columpio en sí misma. Apoyada sobre un terraplén en un punto de justo equilibrio, parece balancearse a la vez que la niña lo hace en el columpio que cuelga de su extremo. ¡Así de comprometida con el mundo de las sensaciones se encuentra esta casa!

Como deberían de estarlo todas, ¿o no?…

Delenda est architectura.

R.I.P. Arquitectura

Corren tiempos difíciles para la profesión de arquitecto. A los efectos devastadores de la crisis económica y financiera que nos envuelve, se suman ahora las pretensiones perversas del legislador con coartada liberal. El gobierno a propuesta del Ministerio de Economía está en vías de aprobar una nueva Ley de Servicios Profesionales que expropia las competencias propias del arquitecto, otorgadas por ley orgánica, para ponerlas en manos de las ingenierías. Por todo ello, en breve, un ingeniero agrónomo o industrial podrá firmar un proyecto para construir un edificio de viviendas, un hospital, un museo o un colegio. Esto supone de facto el fin de la profesión de arquitecto y, por extensión, de la arquitectura tal y como la conocemos.

Ha de reconocerse que buena parte de la culpa de la actual situación la tenemos los propios arquitectos que, como colectivo, no hemos sabido evolucionar y reivindicarnos en la sociedad actual, aportando el valor añadido que sin duda atesora el trabajo del arquitecto. Por el contrario, en demasiadas ocasiones la profesión sigue percibiéndose recubierta de esa pátina de arrogancia heredada del pasado, anacrónica e incompatible con la definición de un marco profesional con objetivos renovados de cara a una sociedad cada vez más globalizada.

Llegados aquí, al borde del abismo, este desprestigiado colectivo por fin reacciona y en una suerte de últimas voluntades se suceden ahora los argumentos y manifiestos vindicativos, aunque me temo que sea ya muy tarde para modificar la derrota (en todas las acepciones del término) de los acontecimientos. Mucho se está escribiendo estos días en defensa del arquitecto y de la Arquitectura, pero nada a mi juicio supera la conferencia magistral del gran Rafael de la Hoz Arderius, antiguo presidente del CSCAE y Medalla de Oro de la Arquitectura, titulada “Delenda est Architectura”, leída en Chicago en 1.993 con motivo del Congreso Mundial de la UIA, y cuyo título está inspirado en la famosa frase “Carthago delenda est” (Cartago debe ser destruida) pronunciada por Catón el Viejo y utilizada para hablar de una idea fija que se persigue sin descanso hasta que es realizada. A continuación se transcriben algunos párrafos de lo que sin duda es el mejor legado en defensa de la arquitectura en estos tiempos difíciles:

Rafael de la Hoz Arderius

Rafael de la Hoz Arderius

“…/… Soplan vientos de escepticismo, de crisis. El concepto “crisis” se representa desde los viejos tiempos de Catay por dos ideogramas: Un kenjy significa Angustia, el otro Esperanza. Y etimológicamente quiere decir lo que va de la Angustia a la Esperanza, esto es: Decisión. Con lo que se concluye que dicha situación no es en sí misma negativa, sino la antesala de la Creatividad …/…

…/… Habíamos constatado que una de las exigencias que el Mercado Común pretende de sus arquitectos es que estos trabajen a cambio de honorarios “bajo mínimos” y, si se tercia, por honorarios nulos. Para ello la consigna dada ha sido fomentar la insolidaridad y someter a los arquitectos a competitividad salvaje. A tal fin los “expertos” han utilizado dos recursos clásicos: Inundar el mercado de “mercancías” arquitectos y saldar los “precios” honorarios. El primer objetivo ha exigido una previa operación, hoy casi consumada, consistente en la masificación de la profesión. Este objetivo era ya un viejo sueño de políticos en la España de los “duros cuarenta”. El Excmo. Ministro de Educación Nacional, D. José lbáñez Martín, proclamaba con toda franqueza: “No descansaré hasta ver a los arquitectos conduciendo tranvías”. Legítima aspiración que no se vió finalmente satisfecha, por carencia de tranvías …/…

…/… En esta cultura del “instant-architect”, como en la del “fast-food”, hay algo que no encaja del todo. La arquitectura no es tan solo un arte. Precisa de unas técnicas instrumentales para materializar la ideación, -único modo posible de creatividad-. No es poca cosa la formación tecnológica que para ello se precisa. Según Vitruvio, hace ya 2.345 años, Pithius, autor de una de las siete maravillas, -el mausoleo de Halicarnaso- comentaba que “aún comenzando desde niño, la complejidad de conocimientos que el arquitecto requiere es tal, que una vida entera no resulta suficiente para adquirirlos”. Tal vez por ello, a diferencia de la Música, en Arquitectura jamás hemos tenido genio alguno a los seis años de edad …/… 

…/… Atrapados en el problema imposible de adaptar los planes de estudios al insuficiente tiempo de enseñanza disponible, los claustros de las Escuelas se encuentran hoy divididos entre ‘humanistas” y “tecnólogos”. Cada grupo tratando de excluir al otro. Peligroso planteamiento. Cuando me dan a elegir entre A ó B -decía Lyautey- es que sin duda debo de escoger A+ B”. No hay tal dilema: Tan solo una falaz falta del tiempo preciso para la enseñanza debida …/… 

…/… Por primera vez en la historia empiezan a salir de las Universidades Europeas generaciones peor preparadas que las de sus padres. La calidad del producto “arquitecto” está lejos de ser óptima. Paradójicamente, pretendiendo crear arquitectos más competitivos, tan solo se ha logrado producir arquitectos menos competentes. La compleja formación de los arquitectos -no es ocioso repetirlo- exige una duración mínima irrebasable. No compete a los políticos; y menos a los economistas de mercado, la determinación de ese precioso espacio de tiempo …/…

…/… Que somos arquitectos -y por ello hombres de Cultura-. Que somos profesionales liberales -y por tanto amantes de la libre Competitividad-. Pero Competitividad por la Calidad y por la Arquitectura como expresión cultural. Valores, ambos, irrenunciables; no negociables …/… 

…/… Decía Unamuno que hay tres clases de zapateros: “El que fabrica zapatos por dinero, el que los elabora para llegar a ser famoso y aquel que los hace para que se encuentren más a gusto los pies de sus clientes”. “Solamente a éste último se le echa de menos después de muerto”,-concluía-. Válganos pues en esta contienda nuestra vocación de ordenadores del espacio para el bienestar del hombre -pies incluidos- que no otra cosa es la Arquitectura. A fin de cuentas, combatir, sacrificar todo por lo que se ama, servir -la palabra más bella que existe-, ser por ello recordados y trascender, es lo que en verdad importa. Va en ello nuestra razón de ser.”

Fuente: Blog oficial de la Unión de Agrupaciones de Arquitectos de la Administración Pública.

Los edificios “raros”

Este artículo viene rondándome por la cabeza desde que un primo mío, que me hacía de guía, se refirió al Centro Tecnológico de La Rioja como “ese edificio raro”. Mi cara de perplejidad no fue entendida por él, “está claro ¿no? ESE es un edificio raro, muy raro, no se parece a un edificio normal”. ¿Pero qué se entiende por un edificio normal?

Y con esa disquisición llevo ya un tiempo.

Claro que el primer sinónimo que me surge para “normal” es el de “banal”, pero esto no es tan simple. Las ciudades siguen construyéndose en un 90% con un estereotipo de edificio “banal”, donde la imagen con la que se representa frente a la ciudad, su “fachada”, es como un telón de fondo de teatro, podría ser ése como podría ser cualquier otro, la fachada como ente autónomo, desligada de cualquier idea de proyecto y, por tanto, fácilmente asimilable a modas, lo que coloquialmente llamo “fachadismo”.

Este culto a la imagen en sí misma, habitualmente pretenciosa y desligada del contexto, es el contrapunto necesario que deben ver algunos “colegas” a unas distribuciones insulsas, previsibles y estancadas en estereotipos (ya caducos).

Pero no es algo exclusivo del ensanche de nuestras ciudades. También se puede observar en muchos concursos públicos (incluso en primeros premios, lo cual dice bien poco de los jurados), donde se vuelve una y otra vez al absurdo de formas rocambolescas, absurdas y excesivas, derivadas tal vez del culto informático por determinados programas de diseño y generación tridimensional, que “adornan” y hacen “bien presentado” propuestas de lo más sosas.

Pero afortunadamente cada vez se observan más buenos ejemplos de lo que algunos todavía llaman “edificios raros” pero que no dejan de ser propuestas meditadas y complejas de una Arquitectura inteligente, consciente, respetuosa y, sobre todo, muy humana. Dentro de esta “buena” Arquitectura (con mayúsculas, claro) quiero mencionar dos formas de actuar diferenciadas, que no opuestas. Tal y como lo veo son dos estrategias complementarias:

A_ La TOPOGRÁFICA, Arquitectura de bordes urbanos y entornos rurales, donde la cuidada integración entre naturaleza y tecnología demuestra que podemos ser respetuosos mediante una técnica de camuflaje, donde se diluyen las fronteras entre las disciplinas de la arquitectura, el urbanismo y el paisajismo, dando como resultado un valor añadido y muy apreciado por los usuarios de esa nueva experiencia de habitar y trabajar en edificios.

Claro ejemplo era el mencionado Centro Tecnológico de La Rioja, sabio proyecto de los arquitectos Alejandro Zaera-Polo y Farshid Moussavi, donde un complejo programa queda diluido en una obra que acabará con los años mimetizándose con el entorno, cuando esos tensores de acero se recubran finalmente de enredaderas.

B_ La OBJETUAL, Arquitectura urbana de simplicidad conceptual y complejidad técnica, donde la aparente ausencia de escala, acerca el mundo de la arquitectura y el del diseño. Se tratan de propuestas rotundas que encierran complejas relaciones, una muy estudiada inserción en el entorno urbano que se depura tanto que llega a plasmarse como idea simple. Cualquier referencia al proyectar tradicional es eliminada, el edificio se plantea con una abstracción tal, que bien podría decirse que huye de las referencias tradicionales a altura de cornisa, basamento, ventanas… Esas definiciones trasnochadas se sustituyen con naturalidad por otras del tipo transparencia, livianidad, neutralidad…

Con el sabio empleo de la escala (en su aparente ausencia) el objeto deviene en monumento. De este modo, el edificio se aleja de modas, adquiere calidad urbana y, por tanto, construye ciudad.

Buen ejemplo de este tipo sería el Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York, de los arquitectos Kazujo Sejima y Ryue Nishizawa. Este proyecto se asemeja al apilamiento de siete cajas, una sobre la otra, con una naturalidad y ausencia de estridencias que asombra, en lo que no es otra cosa que una estrategia urbana para conciliar una estricta normativa con un complejo programa. La piel es un elemento crucial, otorga una apariencia única, sensible y mutable.

Con los resultados de ambas maneras de proyectar me emociono y, a la vez, me reafirmo en la enorme fortuna y potencial que tenemos los arquitectos como transformadores de la ciudad, aunque en ocasiones nuestras obras no sean más que “edificios raros”.

El refugio del joven nómada

Este escrito fue elaborado con motivo del pasado concurso internacional de viviendas en alquiler para jóvenes en Córdoba, concursov4j.com, convocado por Vimcorsa y la Fundación Arquitectura Contemporánea, y al cual nos presentamos con el proyecto Cromosomas. Si bien sugería perfectamente el entorno en el que se desenvolvía la vivienda planteada, no deja de querer ser un reconocido homenaje al arquitecto Toyo Ito y su célebre proyecto “El Pao de las muchachas nómadas de Tokio” de 1985.

EL JOVEN NÓMADA ES URBANITA. Encuentra en la ciudad su hábitat natural. Vivir en su centro es la meta. Cerca de la cultura y del ocio, del trabajo y del estudio, del pasado y del futuro… La ciudad ha pasado a entenderse como el verdadero medio natural del habitante de Cromosomas, su marco ecológico, del que se nutre vital y creativamente. Se encuentra a gusto en él.

La ciudad es su cosmos existencial, y en su centro encuentra todas sus necesidades. Su vida se atomizan por el espacio urbano: su salón son los cafés y los cines, su comedor es el restaurante, su aseo se realiza en el gimnasio… La necesaria movilidad se reduce a un corto trayecto en bicicleta.

EL JOVEN NÓMADA ES COMPROMETIDO. Agradece estar instalado en Cromosomas, en contacto con sus semejantes, en un edificio que muestra su forma de ver el mundo. Se siente parte de un territorio global y valora poder conectarse con el mundo fugaz en un ancho de banda suficiente.

Elige vivir en alguno de los cuatro cromosomas de colores, entre árboles, viendo el río en un ambiente cosmopolita. Su educación es eco-comprometida, valora que se le facilite el reciclaje de residuos, la recarga de su automóvil eléctrico y la comodidad de recorrer la ciudad en bicicleta.

EL JOVEN NÓMADA ES INDEPENDIENTE. Precisa de un último reducto para la privacidad, donde encontrarse a salvo del mundo fugaz y del exceso de información. Su refugio plasma su personalidad como individuo.

La casa ha dejado de ser ese espacio doméstico reconocible y zonificado. Cada vez más se difuminan límites entre vivienda y trabajo, entre residencia y oficina. Todo puede suceder en cualquier lugar y en cualquier momento. Son los artefactos y el momento lo que define un uso determinado.

El joven nómada pasa el día fuera y suele comer cerca de su trabajo, menú casero y económico. Vuelve por la tarde y ése es el momento de disfrutar de su hogar, expandido por todo el entorno de Cromosomas, junto a individuos similares, con los que congenia y convive. Le gusta que su vivienda tenga una cocina. Cocinar es divertido. Lo justo, pero sin renunciar a nada. También le gusta disponer de comida preparada en el salón social. A veces, decide pasar el ocaso del día allí, conversando con sus amigos, tomando un kisch recién calentado. Cuando vuelve a la célula, ve un espacio diáfano, conceptual, flexible, adaptado a su antojo.

30 m2 de un nuevo concepto están a su disposición. Casa basada en la continuidad y en la conectividad. Casa digital. Unidad mínima e indivisible, idéntica y siempre diferente. Tan diferente como es de diferente la vida de los individuos. La casa como el imperio del yo. Casa refugio. Casa urbana. Ciudad como un hogar. Casa y ciudad se funden. Las pertenencias del nómada caben en una mochila, son las justas. Unos pocos objetos que le acompañan y le ayudan a apropiarse del refugio. El resto de muebles se los proporciona Cromosomas. Él decide cuales le acompañarán. Un guardamuebles permite una selección del último catálogo de Ikea a disposición del nómada, lo que hará variar la renta final.

“El lugar de la casa no será más que una densificación del trayecto, un nódulo donde se concentran y pliegan intensidades para definir la expresión mínima del habitar, de la idea de interior que es consustancial al habitante.”.
Toyo Ito. Arquitecto.

Sinergia.

De los muchos factores que pueden influir en el trabajo del arquitecto, y en la deriva de la obra hacia un resultado de mayor o menor calidad arquitectónica, existe uno que destaca sobre el resto y que, en el caso de los proyectos de vivienda unifamiliar, tiene especial incidencia; éste no es otro que el vínculo arquitecto-cliente, o lo que de una manera más gráfica podíamos denominar el “feeling”.

El proceso de generar arquitectura es complejo y conjuga elementos a menudo de difícil articulación: técnica, estética, economía, ilusión, construcción, legalidad… Por ello es necesario que los clientes no iniciados recorran un básico camino de aprendizaje, una corta instrucción que les permita entender, decidir, y sobre todo, reconocer y disfrutar de la buena arquitectura; de la misma forma que sólo aquel que previamente ha cultivado su paladar puede llegar a deleitarse degustando un buen vino, o de la misma manera que sólo el asiduo a la sala de conciertos es capaz de emocionarse con la interpretación de una sinfonía.

Un abogado, un economista, un informático o un trabajador cualquiera no tiene porqué poseer los elementos de juicio necesario para poder abordar en solitario y con garantías la singladura que se inicia desde los primeros bocetos de la obra. Lo habitual es limitarse a lo conocido, a sus experiencias. Por ello corresponde al arquitecto ejercer de guía en este viaje, y de su elocuencia y capacidad para transmitir conceptos y emociones, de su esfuerzo y empeño en establecer vínculos y complicidades, dependerá casi en exclusividad el éxito de la obra acabada.

Es sorprendente comprobar cómo cuando se logra aunar voluntades cambian las premisas y los requerimientos, estableciéndose una poderosa sinergia. El cliente ganado para “la causa” de la arquitectura es incondicional, y se convierte en el mayor garante de la integridad de los conceptos esenciales del proyecto sobre los que finalmente se materializa la obra, tomando en algunas ocasiones la iniciativa e incluso realizando propuestas arriesgadas ante la sorpresa del arquitecto.

Es el caso que hemos vivido con la casa en el barrio de Nazaret (Valencia). Una pareja joven, alejada de cualquier élite económica, ajena a tendencias artísticas, vanguardias o círculos exclusivos. Sin duda pudiéramos decir que son personas normales, pero su enorme predisposición a conocer, su osadía ante lo nuevo y su firmeza e integridad en la toma de decisiones los convierte sin duda en especiales. Como tantos otros acudieron a la primera entrevista con su boceto, su idea, su vivencia…, pero una vez creada la sinergia ya no importa quién sea el contratista, qué opiniones tengan familia y amigos, la formalidad de los industriales, e incluso las limitaciones económicas… El éxito está asegurado.

Nos quejamos de la poca calidad arquitectónica que en general tienen nuestras ciudades, pueblos y urbanizaciones. Parte de la responsabilidad recae en los arquitectos “desertores” y en su actitud pasiva y de resignación ante cualquier propuesta inicial de arquitectura carente de pálpitos. Involucremos pues al cliente en la emoción de proyectar y en la experiencia tectónica, creemos sinergia…, lo demás será sencillo.

boceto

El comienzo...

sinergia

...la sinergia...

obra Nazaret

...la construcción.

(Nuestro más sincero agradecimiento a Patri y Chano.)

Los bocetos de l’Alcudia


Al hilo del escrito Decálogo, quiero participaros en la contemplación de los dibujos realizados por el maestro Alejandro de la Sota en 1984 para un proyecto no construido de viviendas en L’Alcudia, Mallorca. Constituyen un intenso ejercicio de imaginación donde lo que prevalece es la devoción por la vida en sí misma, por su disfrute, con el sabio convencimiento que la arquitectura no debe ser la protagonista sino un telón de fondo que posibilite y potencie una vida mejor.

La memoria del proyecto dice textualmente:

“Ver el mar desde todas las casas: tener vida íntima en todas ellas. Se pensó en una casa abierta, convirtiendo la parcela, el jardín, en auténtica casa, debajo de buganvillas y enredaderas… sobre ellas el mirador solárium.”

Como condimento a la degustación de estos croquis, no hay mejor texto que el escrito por Juan Navarro Baldeweg en “Alejandro de la Sota: construir, habitar”:

“Lo que queda así captado es un modo de vivir. Los dibujos adquieren el aire y el alcance de una utopía, en la que los personajes componen un delicioso retrato de vida mundana: contemplación y ligereza estival. Junto al coche deportivo, dos figuras charlan en la cancela mientras que, en la línea del horizonte, un barco sugiere que la escena tiene lugar en una isla. La rutina diaria se desarrolla sobre un fondo difícilmente constrictivo, en el clima dulce del litoral mediterráneo. Su carácter libre, sin insistencias ni obstrucciones y su transparencia se refuerzan en el juego de continuidades, oposiciones, reflejos y simetrías del proyecto, y en la disposición de sus elementos constructivos.
En los dibujos de Alcudia se aprecia la elusiva magia de la obra de Alejandro de la Sota. Todo es transparente y explícito y, sin embargo, la arquitectura se retira, se oculta, se vuelve casi opaca. Estos dibujos ilustran admirablemente lo que hubiera sido este conjunto de viviendas de haberse construido, y reflejan la idea de una arquitectura que, en actitud desprendida y austera, es capaz de negarse a sí misma.”

Viendo estos croquis, sentimos en la piel la vida ociosa, la proximidad del mar y el lento paso del día. Aquí encontramos el Decálogo mencionado: lo cotidiano, la luz, la naturaleza, la brisa, el refugio… ¡Pero qué emocionante sigue siendo proyectar el lugar dónde vivimos!

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Despuntes_

En el trabajo del arquitecto influyen multitud de pequeñas cuestiones que quedan al margen de la obra acabada: ideas, pensamientos, lecturas, imágenes..., son como los despuntes en el trabajo del ferralla, al final se apartan para armar la gavia.