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Delenda est architectura.

R.I.P. Arquitectura

Corren tiempos difíciles para la profesión de arquitecto. A los efectos devastadores de la crisis económica y financiera que nos envuelve, se suman ahora las pretensiones perversas del legislador con coartada liberal. El gobierno a propuesta del Ministerio de Economía está en vías de aprobar una nueva Ley de Servicios Profesionales que expropia las competencias propias del arquitecto, otorgadas por ley orgánica, para ponerlas en manos de las ingenierías. Por todo ello, en breve, un ingeniero agrónomo o industrial podrá firmar un proyecto para construir un edificio de viviendas, un hospital, un museo o un colegio. Esto supone de facto el fin de la profesión de arquitecto y, por extensión, de la arquitectura tal y como la conocemos.

Ha de reconocerse que buena parte de la culpa de la actual situación la tenemos los propios arquitectos que, como colectivo, no hemos sabido evolucionar y reivindicarnos en la sociedad actual, aportando el valor añadido que sin duda atesora el trabajo del arquitecto. Por el contrario, en demasiadas ocasiones la profesión sigue percibiéndose recubierta de esa pátina de arrogancia heredada del pasado, anacrónica e incompatible con la definición de un marco profesional con objetivos renovados de cara a una sociedad cada vez más globalizada.

Llegados aquí, al borde del abismo, este desprestigiado colectivo por fin reacciona y en una suerte de últimas voluntades se suceden ahora los argumentos y manifiestos vindicativos, aunque me temo que sea ya muy tarde para modificar la derrota (en todas las acepciones del término) de los acontecimientos. Mucho se está escribiendo estos días en defensa del arquitecto y de la Arquitectura, pero nada a mi juicio supera la conferencia magistral del gran Rafael de la Hoz Arderius, antiguo presidente del CSCAE y Medalla de Oro de la Arquitectura, titulada “Delenda est Architectura”, leída en Chicago en 1.993 con motivo del Congreso Mundial de la UIA, y cuyo título está inspirado en la famosa frase “Carthago delenda est” (Cartago debe ser destruida) pronunciada por Catón el Viejo y utilizada para hablar de una idea fija que se persigue sin descanso hasta que es realizada. A continuación se transcriben algunos párrafos de lo que sin duda es el mejor legado en defensa de la arquitectura en estos tiempos difíciles:

Rafael de la Hoz Arderius

Rafael de la Hoz Arderius

“…/… Soplan vientos de escepticismo, de crisis. El concepto “crisis” se representa desde los viejos tiempos de Catay por dos ideogramas: Un kenjy significa Angustia, el otro Esperanza. Y etimológicamente quiere decir lo que va de la Angustia a la Esperanza, esto es: Decisión. Con lo que se concluye que dicha situación no es en sí misma negativa, sino la antesala de la Creatividad …/…

…/… Habíamos constatado que una de las exigencias que el Mercado Común pretende de sus arquitectos es que estos trabajen a cambio de honorarios “bajo mínimos” y, si se tercia, por honorarios nulos. Para ello la consigna dada ha sido fomentar la insolidaridad y someter a los arquitectos a competitividad salvaje. A tal fin los “expertos” han utilizado dos recursos clásicos: Inundar el mercado de “mercancías” arquitectos y saldar los “precios” honorarios. El primer objetivo ha exigido una previa operación, hoy casi consumada, consistente en la masificación de la profesión. Este objetivo era ya un viejo sueño de políticos en la España de los “duros cuarenta”. El Excmo. Ministro de Educación Nacional, D. José lbáñez Martín, proclamaba con toda franqueza: “No descansaré hasta ver a los arquitectos conduciendo tranvías”. Legítima aspiración que no se vió finalmente satisfecha, por carencia de tranvías …/…

…/… En esta cultura del “instant-architect”, como en la del “fast-food”, hay algo que no encaja del todo. La arquitectura no es tan solo un arte. Precisa de unas técnicas instrumentales para materializar la ideación, -único modo posible de creatividad-. No es poca cosa la formación tecnológica que para ello se precisa. Según Vitruvio, hace ya 2.345 años, Pithius, autor de una de las siete maravillas, -el mausoleo de Halicarnaso- comentaba que “aún comenzando desde niño, la complejidad de conocimientos que el arquitecto requiere es tal, que una vida entera no resulta suficiente para adquirirlos”. Tal vez por ello, a diferencia de la Música, en Arquitectura jamás hemos tenido genio alguno a los seis años de edad …/… 

…/… Atrapados en el problema imposible de adaptar los planes de estudios al insuficiente tiempo de enseñanza disponible, los claustros de las Escuelas se encuentran hoy divididos entre ‘humanistas” y “tecnólogos”. Cada grupo tratando de excluir al otro. Peligroso planteamiento. Cuando me dan a elegir entre A ó B -decía Lyautey- es que sin duda debo de escoger A+ B”. No hay tal dilema: Tan solo una falaz falta del tiempo preciso para la enseñanza debida …/… 

…/… Por primera vez en la historia empiezan a salir de las Universidades Europeas generaciones peor preparadas que las de sus padres. La calidad del producto “arquitecto” está lejos de ser óptima. Paradójicamente, pretendiendo crear arquitectos más competitivos, tan solo se ha logrado producir arquitectos menos competentes. La compleja formación de los arquitectos -no es ocioso repetirlo- exige una duración mínima irrebasable. No compete a los políticos; y menos a los economistas de mercado, la determinación de ese precioso espacio de tiempo …/…

…/… Que somos arquitectos -y por ello hombres de Cultura-. Que somos profesionales liberales -y por tanto amantes de la libre Competitividad-. Pero Competitividad por la Calidad y por la Arquitectura como expresión cultural. Valores, ambos, irrenunciables; no negociables …/… 

…/… Decía Unamuno que hay tres clases de zapateros: “El que fabrica zapatos por dinero, el que los elabora para llegar a ser famoso y aquel que los hace para que se encuentren más a gusto los pies de sus clientes”. “Solamente a éste último se le echa de menos después de muerto”,-concluía-. Válganos pues en esta contienda nuestra vocación de ordenadores del espacio para el bienestar del hombre -pies incluidos- que no otra cosa es la Arquitectura. A fin de cuentas, combatir, sacrificar todo por lo que se ama, servir -la palabra más bella que existe-, ser por ello recordados y trascender, es lo que en verdad importa. Va en ello nuestra razón de ser.”

Fuente: Blog oficial de la Unión de Agrupaciones de Arquitectos de la Administración Pública.

Volver a la Tugendhat.

Vista desde la calle

“Ninguna fotografía puede dar la impresión correcta. Uno tiene que moverse por la casa, su ritmo es música”.
Ludwig Hilberseimer. (1885-1967). Arquitecto.
Profesor de la Bauhaus

Cuando Grete Tugendhat volvió en Noviembre de 1967 a su casa de Brno tras 29 años de exilio, quedó horrorizada al observar el estado deplorable en que se encontraba, y apenas pudo reconocer lo que con el paso de los años se constituyó como uno de los paradigmas del Movimiento Moderno: la suntuosa y excepcional Villa Tugendhat, donde Ludwig Mies van der Rohe combinó con absoluta maestría los conceptos de fluidez espacial y vida íntima.

Fue en 1928 cuando el joven matrimonio judío formado por Fritz Tugendhat y Greta Weiss, interesados por la cultura alemana y conocedores de la casa Perls proyectada por Mies en 1911, deciden, tras entrevistarse con el arquitecto y quedar fuertemente impresionados por su personalidad, no solo encargarle el proyecto de su nueva casa, sino otorgarle carta blanca para que interviniera en el diseño de hasta el más mínimo detalle.

Mies en 1928

Mies se encontraba inmerso en pleno proceso de síntesis proyectual, con el encargo del Pabellón Alemán de la Exposición Universal de Barcelona encima del tablero, por lo que La Tugendhat le supuso la posibilidad real de aplicar los nuevos códigos impuestos por la razón en el marco del Movimiento Moderno, pero reinterpretados en base al conocimiento extraído de los nuevos métodos constructivos, un proceso que culminaría años más tarde en la Casa Fansworth. Hay que decir que la Villa Tugendhat fue denostada en su época por los radicales del Movimiento Moderno, debido a su altísimo coste (cien veces más que una vivienda convencional), y su nula aportación al pretendido fin social de la nueva arquitectura; pero ni Mies era un reformador social como Le Corbusier, ni la Tugendhat una mansión convencional.

Espacio diurno

Porque la Villa Tugendhat, con sus 2.600 m2 construidos, fue (y sigue siendo 80 años después) una obra pionera en el empleo de nuevas tecnologías aplicadas a la arquitectura. Fue la primera vivienda unifamiliar construida con estructura metálica y cerramientos totalmente liberados de cualquier función sustentante, llegando incluso, en el caso de los grandes ventanales de vidrio recayentes al jardín, a “desmaterializarse” por medio de un ingenioso mecanismo que los escamoteaba en el pavimento apretando tan solo un botón, permitiendo así establecer un continuo espacial entre el interior y exterior. Fue la primera vivienda climatizada con un sistema frio-calor, conducido además sin uitlizar conductos, sino a través de las tabiquerías, previo filtrado, e incorporando un sistema de compuertas que permitía controlar la temperatura de forma independiente en cada habitación…. Pero sin duda el mayor logro de la Tugendhat fue la sensación espacial única de su zona diurna, un espacio diáfano y amplio, cualificado solo con elementos muebles y materiales de excepcional calidad: paredes divisorias de ónice del Atlas, de ébano de Makassar, peldaños de travertino, pavimentos de linoleo, mobiliario en cuero y acero especialmente diseñado para la casa, acristalamientos curvados…, hasta los mismos pilares cruciformes de acero inoxidable se incorporan al mágico juego de superficies y reflejos. El espacio fluye y todo lo que en él se contiene.

No es de extrañar que el joven matrimonio quedara, tras los primeros días de habitar la casa, totalmente subyugados por la magia funcional y espacial de su nuevo hogar, no en vano habitaban un espacio adelantado a su tiempo en casi un siglo. Pero el gran mérito de Mies no solo consistió en llevar a cabo una propuesta teórica y experimental, sino que ésta fuera además un “hogar” en el que los Tugendhat,  sus hijos y amigos se sintieron enormemente confortados.

tugendhat_villa_1931

La zona diurna en 1.931

Lamentablemente solo la pudieron disfrutar ocho años.

En 1938 la familia se vio abocada al exilio tras la ocupación alemana y la casa fue expropiada, expoliada y transformada para albergar múltiples usos: oficinas, dependencias militares, cuadras…, hasta que en abril de 1945 los bombardeos y las acciones militares del final de la guerra dejaron la mansión en estado ruinoso. Tras un proceso de reparación se usa como escuela privada de danza y en 1950 el estado checo recupera la propiedad de la villa pasando a transformarse en clínica terapéutica. No fue hasta 1963 cuando es declarada monumento nacional y se encarga al arquitecto František Kalivoda que inicie los trabajos para su restauración definitiva. Kalivoda contacta con Grete Tugendhat, exiliada en Suiza, e implica al mismo Mies en los trabajos, pero la ocupación soviética  de Chekoslovaquia  en 1968 paraliza un proyecto que finalmente se va al traste con la muerte de Mies en agosto de 1969, de Grete Tugendhat en diciembre de 1970 y de Kalivoda en mayo de 1971.

Escuela de danza 1950

Convertida en escuela de danza

En 1980 la propiedad de la villa pasa a manos de la ciudad de Brno, con nuevas reformas para su uso institucional abriéndose al público en 1989 y posteriormente, desde 1994, como museo municipal. En 2001 se declara patrimonio de la humanidad por la UNESCO, y en 2007 los herederos de Firtz y Grete Tugendhat inician, ante la pasividad de la ciudad para acometer la restauración integral de la villa que continuaba degradándose, el procedimiento legal para la restitución de la propiedad incautada durante el holocausto. Esta medida de presión da sus resultados y aunque los herederos no recuperan la propiedad finalmente se alcanza un acuerdo con la ciudad, comenzando en febrero de 2010 los trabajos de lo que será una de las restauraciones de mayor calado efectuadas sobre una obra del Movimiento Moderno.

Durante dos años, bajo la dirección de un comité técnico de expertos, y con un presupuesto de 7 millones de euros, se procede a la reversión de la villa a su estado original: se utilizan los mismas composiciones químicas en los pavimentos de linóleo, en los yesos y pinturas; se recuperan los sanitarios originales (desaparecidos desde 1940 y hallados en una mansión cercana); las secciones de madera de ébano del muro curvo se restauran una vez recuperadas de la cantina universitaria a la que fueron trasladadas por el ejército alemán; se incorpora réplicas exacatas del mobiliario original. Todo ello según los planos dibujados en 1928 por Mies y conservados en el MoMA de Nueva York.

Por fin, en marzo de 2012, setenta y cinco años después de que los Tugendhat tuvieran que abandonarla, la Villa volvió a abrir sus puertas portando su antiguo esplendor, tal y como Mies Van der Rohe la proyectó. Tarde para Firtz y Grete, pero afortunadamente sus hijas Daniela y Ruth, fieles portadoras del espíritu firme y audaz que caracterizó a sus progenitores, han podido volver a la casa familiar, y así, moviéndose a través de ella, sumergirse en ese fluido espacial único y exclusivo para sentir la genialidad en estado puro.

 

Algunas fotos más. Por favor, activa la galería pulsando encima de las imágenes:


 

En este interesante video se percibe lo excepcional de la restauración ejecutada. Además se muestran imágenes de la vida familiar de los Tugendhat entre 1930 y 1938:Imagen de previsualización de YouTube

 

Web oficial_ Villa Tugendhat.
Para saber más_ Dedece Blog.
Photo Credits_ David Židlický

El bote de Muuratsalo

“Cada casa, cada producto digno del arte de construir, aspira a ser una prueba de que queremos edificar el paraíso terrenal para los hombres”.
Alvar Aalto (1898-1976)

En los viajes de arquitectura suelen visitarse las obras más emblemáticas de los maestros, y en ellas es fácil dejarse seducir. Pero en ocasiones sucede que en sus obras de menor escala, a menudo no tan conocidas, es donde inesperadamente descubres la arquitectura en estado puro, entendiendo por ésta la más cercana al hombre y a sus sentimientos; una arquitectura sin refinar, cruda, potente, y en donde pueden vivirse las emociones más intensas.

Me ocurrió visitando la obra de Alvar Aalto. En los primeros días del viaje recorrimos sus edificios administrativos y docentes, las bibliotecas, las iglesias, cautivándonos en todos ellos el magistral dominio de la luz nórdica, la principal protagonista de unos espacios cuidados hasta el mínimo detalle. Pero fue en una de las últimas jornadas de estancia en la ciudad de Jyväskylä y tras la obligada visita al Ayuntamiento de Säynätsalo (1950-1952), -un magnífico y sorprendente edificio de ladrillo rojo articulado en torno a un patio-, cuando tuvimos la oportunidad de visitar la Casa Experimental de Muuratsalo (1953), nombre con el que se conoce a la casa estival del propio Aalto. Fue una experiencia impactante cuyo recuerdo ahora, transcurridos los años, permanece indemne en la memoria.

 

En Muuratsalo, la arquitectura empieza en el lugar, quizás incluso antes, en la elección del propio lugar. Aalto escoge una isla desierta a la que sólo era posible acceder en bote cruzando el lago Päijänne. Un lugar alejado e inaccesible en el que poder desarrollar sus ideas con absoluta libertad. En Muuratsalo lo esencial es que la arquitectura está en la naturaleza y ésta, a su vez, forma parte de la arquitectura. Cada roca, cada árbol, el cielo, el lago, son también la arquitectura.

Aalto, al igual que Le Corbusier, siempre se sintió atraído por el mundo clásico de la antigua Grecia, y tras su viaje de 1952 por España, Italia y Marruecos, decidió construir en el frio clima nórdico una modesta casa patio, sin duda producto de la fascinación al observar la riqueza de los espacios intermedios. En la casa de Muuratsalo, como en la casa mediterránea, el patio es el centro del hogar y del habitar, es la habitación donde observar el cielo y meditar, el espacio fundamental en torno al que se articulan los demás; y en su centro un lugar para el cuidado del fuego, símbolo de continuidad.

 

Aalto quiso empezar una nueva vida en Muuratsalo, y sin duda se valió de la calificación “experimental” como pretexto para construir el refugio anhelado, el “paraíso terrenal”, escapando de su pasado a bordo del bote diseñado por el mismo al que llamó “Nemo Propheta in Patria”, y que, al igual que la casa, el bosque, el lago o las rocas, es parte también de la arquitectura. En el bote, Aalto vivió la experiencia reconfortante de la partida y de la llegada, recorriendo la travesía de lo técnico a lo humano para rencontrarse en el paisaje y la naturaleza.

A escasos metros de la casa, entre los árboles, hoy el bote permanece varado dentro de un cofre de listones de madera. Contemplándolo rodeado de tanta belleza uno se pregunta si no es tiempo de considerar alternativas a esta arquitectura nuevamente globalizada que parece perderse a medio camino entre la tecnología, la máscara y el artificio. Quizá todos deberíamos algún día poseer un bote como el de Muuratsalo, en el que poder despojarnos de lo superfluo, y escapar de lo intrascendente, para con ello siquiera poder aspirar alguna vez a “edificar el paraíso terrenal para los hombres”.

 

 

Activa la galeria pulsando encima de las imágenes:

Sinergia.

De los muchos factores que pueden influir en el trabajo del arquitecto, y en la deriva de la obra hacia un resultado de mayor o menor calidad arquitectónica, existe uno que destaca sobre el resto y que, en el caso de los proyectos de vivienda unifamiliar, tiene especial incidencia; éste no es otro que el vínculo arquitecto-cliente, o lo que de una manera más gráfica podíamos denominar el “feeling”.

El proceso de generar arquitectura es complejo y conjuga elementos a menudo de difícil articulación: técnica, estética, economía, ilusión, construcción, legalidad… Por ello es necesario que los clientes no iniciados recorran un básico camino de aprendizaje, una corta instrucción que les permita entender, decidir, y sobre todo, reconocer y disfrutar de la buena arquitectura; de la misma forma que sólo aquel que previamente ha cultivado su paladar puede llegar a deleitarse degustando un buen vino, o de la misma manera que sólo el asiduo a la sala de conciertos es capaz de emocionarse con la interpretación de una sinfonía.

Un abogado, un economista, un informático o un trabajador cualquiera no tiene porqué poseer los elementos de juicio necesario para poder abordar en solitario y con garantías la singladura que se inicia desde los primeros bocetos de la obra. Lo habitual es limitarse a lo conocido, a sus experiencias. Por ello corresponde al arquitecto ejercer de guía en este viaje, y de su elocuencia y capacidad para transmitir conceptos y emociones, de su esfuerzo y empeño en establecer vínculos y complicidades, dependerá casi en exclusividad el éxito de la obra acabada.

Es sorprendente comprobar cómo cuando se logra aunar voluntades cambian las premisas y los requerimientos, estableciéndose una poderosa sinergia. El cliente ganado para “la causa” de la arquitectura es incondicional, y se convierte en el mayor garante de la integridad de los conceptos esenciales del proyecto sobre los que finalmente se materializa la obra, tomando en algunas ocasiones la iniciativa e incluso realizando propuestas arriesgadas ante la sorpresa del arquitecto.

Es el caso que hemos vivido con la casa en el barrio de Nazaret (Valencia). Una pareja joven, alejada de cualquier élite económica, ajena a tendencias artísticas, vanguardias o círculos exclusivos. Sin duda pudiéramos decir que son personas normales, pero su enorme predisposición a conocer, su osadía ante lo nuevo y su firmeza e integridad en la toma de decisiones los convierte sin duda en especiales. Como tantos otros acudieron a la primera entrevista con su boceto, su idea, su vivencia…, pero una vez creada la sinergia ya no importa quién sea el contratista, qué opiniones tengan familia y amigos, la formalidad de los industriales, e incluso las limitaciones económicas… El éxito está asegurado.

Nos quejamos de la poca calidad arquitectónica que en general tienen nuestras ciudades, pueblos y urbanizaciones. Parte de la responsabilidad recae en los arquitectos “desertores” y en su actitud pasiva y de resignación ante cualquier propuesta inicial de arquitectura carente de pálpitos. Involucremos pues al cliente en la emoción de proyectar y en la experiencia tectónica, creemos sinergia…, lo demás será sencillo.

boceto

El comienzo...

sinergia

...la sinergia...

obra Nazaret

...la construcción.

(Nuestro más sincero agradecimiento a Patri y Chano.)

El contenedor de la máquina.

factoryskyline

“El milagro de nuestro tiempo, querido amigo, son para mí las máquinas y los edificios construidos para ellas, llamadas factory. Un ejemplo usual puede tener hasta ocho y nueve pisos de alto, y tiene además hasta cuarenta ventanas a lo largo y al menos cuatro de profundidad. Las columnas son de metal y las vigas que se apoyan sobre éstas también. Un gran número de estos contenedores se encuentra también en puntos muy elevados que dominan los alrededores, a ésto se le suma un bosque de chimeneas aún más altas. Producen un maravilloso efecto desde lejos, sobre todo de noche, cuando millares de ventanas se iluminan con la luz de gas…”

Cuando Peter Beuth escribía estás palabras a Schinkel en 1823, fruto de la profunda impresión por la nuevas edificaciones industriales surgidas en Inglaterra, el mundo de la arquitectura no era aun consciente de la revolución que se avecinaba de mano de la incipiente era industrial, y que acabaría trastocando los viejos valores estéticos para alumbrar un nuevo modo de ver e interpretar la arquitectura, dando paso a la convulsión que originó el Movimiento Moderno.

Y fué así porque la arquitectura de los espacios industriales se ofrecía a los arquitectos como un emocionante e ingente campo de innovación: el desarrollo de novedosos programas, su inserción y relación con el territorio; las nuevas técnicas, formas y escalas de trabajo; los nuevos materiales y pieles de la edificación, y su relación con la componente estructural; la creación de nuevos elementos simbólicos…

Fábrica Fagus

Fábrica Fagus. (Walter Gropius, 1911)

Y por ello durante mucho tiempo esa visión de la fábrica fué objeto de culto por parte de ciertas élites intelectuales: ingenieros, arquitectos, críticos, cineastas; que nos dejaron el legado de sus fantásticoas edificios industriales como los de A. Kahn, H. Van de Velde, P. Behrens, W. Gropius, A. Jacobsen, H. Poelzing, B. Taut,… Obras que sirvieron de inspiración a cineastas como Chaplin o Fritz Lang para retratar el espíritu de la revolución de la máquina en sus inolvidables “Tiempos modernos” (1936) o “Metrópolis” (1927).

Pero a partir de la segunda mitad del s.XX y una vez superados los paradigmas de la modernidad que vinieron de mano de la “máquina” (efciencia y funcionalidad), la “factory” fue desterrada paulatinamente de los tableros de los arquitectos quedando relegada a una tipología menor. De esa forma hoy en los cinturones industriales de nuestras ciudades se suceden construcciones en su mayoría anodinas y carentes de expresión, conformando esa ya tradicional y deplorable primera imagen de lo urbano.

Por ello como arquitectos debemos reivindicar el valor intrínseco que para la arquitectura tiene la edificación industrial, ofreciéndose como un privilegiado banco de pruebas donde experimentar con nuevos materiales y sistemas que abran caminos inéditos, superando el actual estancamiento de una arquitectura excesivamente introspectiva y atrapada en una mueca de formalismo forzado como único recurso expresivo, una vez agotadas sus capacidades tecnológicas y posibilidades de evolución.

Recuperemos el edificio industrial,—la fábrica, el almacén, el silo, la chimenea—, para la arquitectura, de forma que los Beuth o los Chaplin de nuestro tiempo puedan volver a estremecerse al divisar a lo lejos el gran contenedor de la máquina.

Bibliografía: Industria y arquitectura moderna en España, 1925-1965, Celestino García Braña.


Granero en equilibrio.

Granero en equilibrio

Vivir una experiencia arquitectónica de vanguardia es algo que no está al alcance de cualquiera…

Conscientes de esta realidad y con el fin de promover la arquitectura de calidad como experiencia accesible a todos los públicos nace Living Architecture,  una organización británica fundada por el “gurú” cultural de la BBC, Alain de Botton, que aglutina a un grupo de arquitectos de prestigio, críticos, diseñadores y promotores, todos ellos con el próposito de, a través de la reevaluación de zonas rurales, acercar las emociones que provoca la buena arquitectura bajo una propuesta de alojamiento vacacional.

Es el caso de la Balancing Barn, en Suffolk,  obras de los holandeses MVRDV & Mole, en la que ya se puede reservar unas vacaciones semanales a un módico precio. Esta reinterpretación del granero tradicional se introduce en la naturaleza con un voladizo de 15 metros de longitud, retomando el diálogo con la  linealidad de los caminos y paisajes del condado británico. En el interior los habitantes disfrutan de una conexión permanente con el entorno a través de los multiples puntos de vista y el sutil balanceo de la estructura. En el exterior un revestimiento de metal donde se reflejan los cambios de estación.

Toda una declaración de perfecto equilibrio.

Video: entrevista con el arquitecto Winy Maas (MVRDV).


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Despuntes_

En el trabajo del arquitecto influyen multitud de pequeñas cuestiones que quedan al margen de la obra acabada: ideas, pensamientos, lecturas, imágenes..., son como los despuntes en el trabajo del ferralla, al final se apartan para armar la gavia.